Autor Tema: Senzō Rekishi  (Leído 2010 veces)

Yuuki Hachiken

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Senzō Rekishi
« : septiembre 05, 2016, 10:43:27 pm »
Hola!

Este es un spinoff de mi fic original, Era de la brecha, aunque puede leerse sin necesidad de haber tenido contacto con mi otra obra, hacen parte del mismo universo, pero en épocas totalmente distintas.

Espero que les guste, este fue un regalo para Derethar que constara de unos 8 o 10 capítulos.

Prometo añadirle alguna imagen cuando encuentre alguna apropiada para Kenta. (si tienen alguna en mente son bien recibidos)

Esta historia está ambientada en la guerra mundial, en mi historia, los países del eje lograron añadir a mas naciones a sus filas, Rusia entre ellas, logrando finalmente una unificación total de Europa y gran parte de Asia.



Yuuki Hachiken

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Capitulo 1: Kenta.
« Respuesta #1 : septiembre 05, 2016, 10:48:38 pm »



Esta guerra empezó hace tanto tiempo pero vivimos creyendo que nunca llegaría a nosotros, cuando tenia 5 años comencé a hacerme preguntas, quizás algunas que no eran propias para el primogénito de una humilde campesina de Fukuoka, a pesar de que mi pequeña aldea era bastante tranquila era indudable que el aroma de la pólvora, metal fundiéndose y de la misma sangre a veces adornara la atmósfera, sería tan bueno que a veces los campos de arroz no terminaran destruidos por los aviones aliados y enemigos que se estrellaban a unos pasos de mi casa, pero era imposible, el verano trajo consigo la guerra y parecía que no se iría en una buena temporada.

A mis 7 años me di cuenta de algo que podía ser una desgracia, aunque en mi inocencia lo vi como un chiste, ese dia jugaba con otros niños que evidenciaban la pésima alimentación que reciben ya que vinieron de una aldea vecina que tuvo una cosecha terrible, por suerte los mayores son muy amables y los acogieron sin dudarlo, a la hora del desayuno mi madre me detuvo antes de salir y me dijo que sería un buen gesto pasar el tiempo con los nuevos niños, le sonrei cálidamente y le di un fuerte abrazo pero con cuidado ya que tenía a mi pequeña hermanita en su espalda, ella solo tenía 3 años y sus lindos ojos me hacían sentir muy afortunado de ser su hermano mayor.

Mi madre acarició una de mis mejillas y revolvió mi corto cabello castaño, me dijo que volviera antes del mediodía y que no me alejara, además de que debía prestar atención a la alarma de emergencia… siempre me lo decía y de alguna forma empezaba a hartarme pero solo asentía a todo lo que me indicaba, salí a toda prisa con cuidado de no romper de nuevo mis viejas sandalias por la aldea, los campos de arroz a mi alrededor brillaban con el resplandor del sol, la brisa que traía consigo algo de arena a mis ojos y el cielo azul que de alguna manera me intimidaba, nunca me gusto esa cicatriz abierta que rasgaba las alturas.

- Te demoraste siglos Ken. - Me regaño Satoru, un niño de mi edad quien era hijo de una familia de pescadores, me acerque a el y rapidamente le di un leve golpecito en la espalda para que empezara a correr junto mi mientras reíamos. - oye, tome algo de la cajas de mi tio, es genial pero no le digas a los demás.

- Me pregunto que podra ser…- Me hacia el tonto mientras tocaba mis labios con un dedo, mi amigo solo soltó una carcajada mientras me hacia muecas.

- Luego te lo enseñaré, ¿tu madre te comento sobre los nuevos? - Preguntó mi amigo mientras activaba su extraña habilidad que parecía casi magia, el agua que había alrededor de los riachuelos se movía como una serpiente por una fuerza invisible, trajo consigo unas piedras que nos sirvieron como asiento mientras avanzabamos a una gran velocidad, dejando los campos de arroz atrás. - A que es genial mi sincronización, “Dragón del río”.

- Se van a enojar contigo de nuevo por cambiar el cauce del río, pero bueno, no tengo nada que ver con tu problema. - Reí entre dientes mientras me aferraba a la piedra que me transportaba y no intentaba mojarme bajo ninguna circunstancia, Satoru obtuvo su sincronización hace unos meses, es el primer niño en generaciones que fue bendecido con algo asi y gracias a eso la vida para su familia a sido facil, ¿sobra decir que es terriblemente fácil pescar con eso de su lado?, aunque su abuelo detesta que se usen “trampas” para conseguir peces.

Era inevitable maravillarme por la belleza del paisaje y la situación, el brillo del sol matutino iluminaba el agua que se movía a mi alrededor, pequeños reflejos de arco iris aparecen sutilmente a nuestro alrededor y los peces se mantenían nerviosos dentro de aquel extraño caudal, mi amigo cada dia se hacia mas fuerte y dentro de mí, deseaba con todas mis fuerzas de que yo pudiera tener una habilidad como la de el… quizas de esa forma cuando los tiempos difíciles lleguen podría ayudar a mi familia.



Eventualmente la guerra abarcara a todo el mundo a este paso.



Ese era mi pensamiento a mi corta edad, no es como si fuera descabellado imaginarse que eso no pasaría, el viento con aroma a humo chocaba contra mi rostro y este venía seguramente de la “lejanía”, todos los días al despertarme deseaba que fuera humo y no el aroma metálico de la sangre.

Cuando por fin nos acercabamos al centro de la aldea, Satoru me indico que frenariamos y pude bajarme a tiempo con algo de dificultad pero con éxito, no como las veces anteriores donde terminaba con mi trasero empapado o con un pez metido en la boca, mi amigo formó una especie de tanque invisible y el agua junto con los peces salieron en dirección hacia el río, me despedí con la mano y le agradecí por el viaje, sonara algo tonto pero al menos mi amigo lo hacia de costumbre conmigo.

-  No quiero asustar a los nuevos, es mejor que sigamos desde este punto a pie. - Me dijo Satoru mientras mantenía los ojos cerrados, deducía que estaba enfocando toda su atención en devolver el agua a donde pertenecía.

- ¿El gran Satoru tiene miedo de aterrorizar a los niños? - Hable de forma infantil mientras lo imitaba.

- Quizás pronto pueda tener un compañero, ¿que tal el “Temible Kenta”? - Sabía a qué se refería mi amigo pero la verdad solo pude sonreírle de vuelta, las probabilidades de que yo tuviera algo así eran bajas, casi nulas y en mi interior sentía miedo de que si recibe una… podría volverse algo terrible. - Eres mi camarada, no te lo repetire todo el tiempo. - Satoshi se mostró serio y con su puño cerrado me dio un golpecito en el pecho, su mirada era muy intensa pero me hacia sonrojar un poco.

- No seas tan cursi. - Intente ocultar un poco mi rostro mirando hacia otro lado pero el solo aprovecho para rodearme con su brazo y abrazarme mientras me despeinaba.

Escuchamos de repente un estruendo y luego un temblor que nos hizo caer al suelo de golpe. Satoru y yo creímos que podría hacer un bombardeo por lo que torpemente nos escondimos debajo de una de las casas pero no escuchamos a ningun avion cerca.


De la nada se hizo el silencio.


- ¿Que estara pasando? - Dijo Satoru finalmente mientras miraba por doquier en busca de algo raro, las personas de la aldea que alcanzamos a ver nos pedía que guardaramos silencio, por lo que nos arrastramos lentamente por los matorrales. - puede que sea algún enemigo… - esta vez hablo en voz baja.

-  Creo que no es ningún ataque, ¿no se te hace la situación algo familiar? - Le respondí intentando descifrar qué podríamos hacer para ayudar. - es tal cual como cuando tuviste tu sincronización, hiciste un alboroto similar porque no sabías que hacer.

- No lo hagas sonar tan mal, no es mi culpa que tuviera tantas emociones mezcladas. - Pude notar un semblante oscuro de pena en su rostro pero me acerque a él lo suficiente para tomarlo de la mano y dirigirnos hacia donde venía aquel estruendo.

- Tienes que ir rápido o si no todo se pondrá peor, eres… la única esperanza de esta aldea. - Cuando dije eso me sentí un poco débil e invadido por un extraño dolor de cabeza, mis piernas comenzaron a tambalear un poco pero por suerte Satoru me ayudó a seguir.

De repente unos adultos nos retuvieron para que no siguiéramos avanzando, intente explicarles que pasaba pero Satoru quien no me soltaba la mano les dijo que se apartaran, incluso gritandoles porque al parecer entendió a lo que me refería, él era el único que podía hacer algo para intentar controlar la situación y que la menor cantidad de gente resultara herida.


¡Ven a mi dragón del río!


La habilidad de Satoru nos rodeo y con un pilar de agua nos llevó por encima del límite de la aldea, a lo lejos se podía ver como algunas personas socorrian a los demás y una nube de humo bloqueaba el origen de todos esos estruendos, cuando creí que nos dirigiriamos a ese lugar noté como mi amigo fue en la dirección contraria y me bajo casi a las afueras de la aldea.

- Kenta, quédate aquí, yo me encargare de esto. - Me sonrió Satoru mientras soltaba lentamente mi mano, sonará muy extraño pero cuando lo hizo sentí un extraño escalofrío en la espalda como si, luego de que se marchara no lo volvería a ver más. - ¿Kenta? - Sentí como mis lagrimas recorrian mi mejilla y no pude hacer otra cosa que aferrarme a él con un abrazo.
- Déjame ir contigo… - Le susurré mientras me sostenía a su chaqueta algo sucia y con aroma a pescado. - se que por ahora no soy muy util, no tengo nada en especial pero seguro se me ocurrirá algo.

Ambos nos quedamos en silencio mirándonos a los ojos, como si intentaramos buscar las palabras que necesitábamos para decidir lo mejor, pero un estruendo de nuevo rompió el silencio y eso hizo que finalmente Satoru me dio la espalda.

- Lo lamento, de verdad no quiero que te pase nada… deberías volver a tu casa. - Balbuceo mientras usaba su habilidad y se alejaba rápidamente de mi, en ese momento creí que debía aferrarme con fuerza a él pero por alguna razón no lo hice.

Por muy extraño que parezca, podía escuchar mi corazón latiendo de forma pesada y de nuevo me invadió aquel dolor de cabeza, sentí mi cuerpo bastante helado y como si ya no fuera mía, aquella peculiar fuerza me hacia sentir desconectado del mundo, como si estuviera solo en una gran oscuridad y mis manos quien se suponía que tocaban el suelo, se sentían casi conectadas a la tierra y como si fueran parte de ellas…. ¿acaso me estoy volviendo un árbol?, no sabía que era de mis sentimientos, era como si me sintiera fuerte, con miedo y a su vez, algo en el universo.

Mire hacia el cielo y entre toda esa penumbra, como si me estuviera quedando ciego, la figura de la brecha se erguía imponente, como si fuera un gigantesco ojo observando y juzgando la existencia.



“Tacto de Bonsai”
Aquella extraña unión de palabras se clavó en mi memoria.




- Hey niño, ¿estas bien? -  Salí de la nada de aquel extraño trance y pude sentir como mi cuerpo estaba empapado de sudor, me sentía distinto, algo había pasado pero… me sentí totalmente aterrado, ¿quién me había hablado?, gire mi mirada y pude ver unas figuras extrañas, de distintos colores quienes me observaban algo curiosos. - Tranquilo solo queremos ayudarte, ¿esos estruendos son normales en tu aldea? - Aquella voz era la de una niña, quizás de mi edad y la vestimenta que llevaba le daba una apariencia fuera de este mundo… parecía una especie de ninja con rosa por doquier.

- Esto… ¿que paso? - Me recompuse lentamente y pude darme cuenta que ella no estaba sola, habia otras dos personas vestidas al igual que ella pero de color rojo y amarillo. - ¿Quienes son?

- Bueno somos… - La otra chica que iba de amarillo tomó la palabra pero rápidamente fue interrumpida por el tipo de rojo que hacia una extraña pose y de cierta forma le hacia señales a las otras dos para que hicieran lo mismo. - Red, ¿enserio? - La chica de amarillo finalmente aceptó la petición al igual que la rosa, yo solo admiraba extrañado la situación.




“¡somos los guardianes de la justicia, guerreros que buscan la paz y miran hacia el brillante futuro!”




- La belleza y femenina, símbolo de la esperanza y la bondad, ¡Taurina Pink!
- Piensa a la velocidad de un rayo, pero que golpea como abeja, ¡Taurina Yellow!
- El líder sin igual, el símbolo de la paz para Japón, ¡Taurina Red!



Y juntos somos...

¡Taurina Omega!




Juro que intente evitarlo pero no pude, me dio un ataque de risa al punto que caí al suelo con lagrimas en mis ojos, por un momento me preocupe ya que al levantar la vista, los “Taurina Omega” quienes me parecian ridículos me hacían sentir como algo de presión, hasta que el líder, Red, me tomó del hombro con fuerza y me hizo levantarme, fue realmente intimidante y podía sentir cómo a través de su máscara sus ojos me miraban con odio.

- Hey mocoso. - Su tono de voz se hizo más ronco y pesado. sentía que en cualquier momento me propinara un golpe a la cara pero en lugar de eso miro hacia bajo y se rio por alguna razón. - ¡Se te ve tu amiguito!

Mire hacia abajo y efectivamente, mi pene se asomaba un poco y me moria de verguenza porque Yellow y Pink estuvieran riendose tambien como complices, me tape con ganas de salir huyendo pero luego de eso, Red se puso a mi lado y me atrapo con un abrazo.

-  ¿No es adorable el maldito mocoso? - Hablaba entre risas mientras me sostenía pero de la nada un estruendo se hizo presente y esta vez el viento se movió de manera más brusca, incluso el techo de algunas casas salieron volando y unos escombros venian en nuestra dirección, Red me observó y luego me lanzo hacia Yellow y Pink. - Quedate atras, nosotros nos encargaremos de calmar las cosas.


¡Taurina Rush!


En un parpadeo, los escombros se convirtieron en polvo y pasaron a través de nosotros solo causandome a mi una pequeña molestia porque me cubrió todo el cuerpo y creo que entro algo en mi boca, eso me hizo toser demasiado pero Yellow  me tomo de las mejillas y acercó su cuerpo al suyo, me sentí sonrojado y con cosquillas en mi estomago.

- ¿Que estas haciendo? - Hable por fin luego de estar tartamudeando al sentir su pecho apretando mi brazo, no podía evitar verla, su figura estaba bastante desarrollada para su edad e incluso se notaba en su traje, seguramente había una linda chica debajo de aquel traje amarillo. -  Oye… - Cerró mi boca con uno de sus dedos.

- Tu también eres como nosotros. - Su voz era dulce pero me hacia sentir como si viera a través de mi. - también eres especial, fuiste bendecido y ahora tienes un potencial realmente increíble. - ¿no quieres salir de este aburrido pueblo?...

Por un breve instante sentí como no podía decirle que no, pero de alguna forma presentía que estaba influyendo en lo que pensaba por lo que la aparté de golpe y corrí hacia la aldea dejando atrás a esos raros.

- ¡No es aburrido! - Le grite mientras le sacaba la lengua y no parecían muy alegres por lo que hice.


Avance con prisa y sin dudarlo, muchas veces perdiendo el equilibrio por los repetidos estruendos que a medida que me acercaba, hacían temblar el suelo debajo de mis pies que se agrietaba cada vez más, era extraño pero, no sentía tanto pánico por mi mismo si no por lo que podría estarle pasando a mi familia.

Finalmente cuando llegue a lo que parecía ser el centro de todo y me sostenía a duras penas a un árbol cercano que tambaleaba en señal de que en cualquier momento sería derribado, pude notar que ya todas las personas parecían haber evacuado, pero a pesar de que buscaba por todos lados a Satoru o al causante de todos esos estragos no parecía haber rastro de nadie o eso creía, hasta que sentí que  alguien me tomó de la espalda y luego el frío tacto de un cuchillo en mi yugular.

- No te muevas, pequeño. - Aquel mal japonés, esa forma extraña de hablar y sobre todo… esa piel blanca que era muy distinguible… - ¿Que buscas aquí? - Estaba más nervioso que yo, seguramente era un americano que perdió su avión de combate  o incluso, pudo ser alguien de reconocimiento. - habla de una vez o te cortaré el cuello.

- Yo… - Me costaba mucho hablar pero intentaba buscar una forma de salir de esto. - esta es mi aldea.

- Eso ya lo sé, ¿tienen alguna estacion de policia o algo asi? - Intente moverme pero me movió de forma brusca de nuevo a su cuerpo, era totalmente incomodo y sofocante. - no seas idiota.


Era algo extraño, sentía que mi cuerpo temblaba de emoción, como si pudiera hacer algo… como si ya no fuera simplemente un mocoso, alguien que podía ser tomado a la ligera… una víctima.

Aquel hombre sin soltarme del cuello me llevo a dentro de una de las casas y para mi sorpresa, vi a unos adultos y niños muy delgados quienes estaban atados, sus miradas me transmitían miedo, desesperación y arrepentimiento, ¿acaso eran las personas de la aldea vecina?, sin más fui arrojado junto a ellos con violencia mientras mi cuerpo se sacudía por otro estruendo que hizo temblar los tablones a mis pies, aquel hombre nos miraba con odio y con una mirada fatigaba que siempre se postraba sobre su arma.

- ¿Son estupidos? - Reclamos aquel hombre mientras agitaba su arma, en un momento pensé que podría lanzarme e intentar quitarsela ya que era el único que no estaba atado pero al ver lo golpeado que estaban tanto los niños como los adultos me saqué esa idea de la cabeza. - ¡Diganme de una maldita vez donde tienen las comunicaciones! -  Sin medirse ni un poco tomo el arma del mango y golpeó a un anciano en repetidas ocasiones hasta que la sangre salpicó por doquier.

- ¡Para de una vez! - Proteste mientras los adultos atados intentaron detenerme o eso me daban a entender pero al ver a los otros niños llorando no pude evitarlo, aquel hombre no merecía eso y nadie de nosotros igual.  - ¡Dejalo en paz o si no…!

El extranjero me miró enfurecido y me dio un golpe con puño cerrado en la cara, mi cabeza impactó fuertemente el suelo y al recuperar un poco la conciencia, pude ver como un tacto frío invadía mi cabeza… era sangre y no pude alarmarme porque vi con horror el filo de un cuchillo del americano en mi boca.

- ¿Que pasa? - Este era mi final… - ¿Estás saboreando el buen metal americano? - De la nada sacó su pistola y le disparó a una señora que me recordaba a mi madre quien estaba al lado mio sin dudarlo, sus sesos y sangre me salpicaron mientras me quedaba atónito y aterrado. - ¿¡Crees que tienes las bolas muy grandes chico!? - Me gritó tan fuerte que su saliva me llego directo a la cara.

Aquel hombre parecía no estar satisfecho con eso y sin dudarlo le ordenó a una pequeña niña que se acercara a él, la pequeña dudo pero en vista de que le apuntaban con el arma, hizo lo posible por ignorar al cadáver y la terrible situación, sus piernas temblaban y se esforzaban por apenas abrir sus ojos.

- Hola pequeña. - Dijo con una extraña sonrisa aquel canalla. -  ¿tienes hambre? - la niña asintió con duda y miedo en su ser, el hombre simplemente le acaricio la mejilla y le señaló al cadáver de la mujer que había asesinado hace apenas un rato. - Adelante, sírvete todo lo que quieras. - se giró  a verme y parecía estudiar mi incomodidad. - lastima que tienes la boca llena.






¿Crees que necesitas ya algo de justicia?
Aquella voz, era la  de Taurina Red.


Si es de esa forma, ya es hora de que hagas algo y te revelas contra la injusticia.
De cierta forma sabía a qué se refería y no estaba seguro que era lo correcto.


No tengas miedo de lo que eres, ya sabes que hacer, eres especial.
Entonces… no estoy al nivel de este tipo.





La niña estaba  por tocar el cadáver mientras aquel hombre me sonreía maliciosamente, me deje llevar por lo que creía que era lo correcto y apreté mis puños en dirección a el, escupí el cuchillo en un acto de valentía sin temor a cortarme y grite.


¡Cañón Bonsai!


Al abrir mis ojos mire con miedo como paso nada, me sentí totalmente estúpido, ¿deje que mi imaginación me ganara de nuevo?,  pero de la nada las paredes de la casa fueron arrancadas hacia afuera, rápidamente entró Taurina Pink y Taurina Yellow pero aquel lunático extranjero se adelantó y tomó a la niña de rehén, pude notar como todo afuera parecía víctima de un tornado, como si el dios del viento mismo se hubiera enojado, en medio de todo ese vórtice estaba un niño muy desnutrido quien parecían enfrentarse con alguien, me demore en reconocerlo ya que estaba rodeado de agua, era mi amigo, Satoru quien no dejaba que aquel tornado avanzara del centro de la ciudad pero este taladraba el suelo.

- ¡No se mueven o la acabaré! - Gritó en voz alta llamando la atención de todos, los taurina se detuvieron en seco pero Yellow me felicitó por haber hecho el ridículo hace un rato, al parecer logró meterse en mis pensamientos y motivarme a hacer algo estúpido. - ¡Oye flacucho! - Ordenó en dirección al chico del tornado quien estaba enfrascado en quebrar la barrera de agua de Satoru pero parecía escucharle. - ¡Sacame de aqui de una vez!

Un estruendo aún más grande se hizo presente, el viento se potenció cada vez más mientras  arrastraba las casas a nuestro alrededor y esto trajo consigo una rafaga de escombros que se lanzó en nuestra dirección, en un parpadeo los escombros fueron pulverizados por un destello rojo que llevó consigo todo a su paso en dirección hacia el tornado.

- Hey novato, buen trabajo.  - Me dijo Taurina Pink. - ¿Pero cuando vas a dejar de hacerte el idiota y utilizas tus habilidades?

- ¿¡Quieren dejar de burlarse de mí!? - Le grité de vuelta totalmente enfurecido y apretando mis puños, el secuestrador había empezado a huir cuando nos dimos cuenta, observe a los dos “seguidores de la justicia”, quienes me observaban con indiferencia como si esperaran a que yo fuera quien tendría que solucionar todo el asunto.  - enserio no me creo que ustedes sean los buenos…

- Solo usa tu habilidad y todo saldrá bien, no tiene que ser algun tonto cañón. - Taurina Yellow se rio antes de continuar. - quizás necesitas aterrizar un poco, cerebrito.

- Estaremos ayudando a Red con esto, ¿el otro chico es tu amigo no?, no le hacemos tanto daño si sabe comportarse. - Interrumpió Yellow mientras me empujaba lejos de los escombros de la casa y me señalo en dirección hacia el secuestrador. - confia en ti, todo saldrá bien, recuerda que somos mejor que ellos.

- Por favor, no le hagan nada a Satoru. - Dije eso en voz alta con la esperanza de que me hicieran caso pero simplemente se rieron en voz alta.


Avance siguiendo las huellas de aquel hombre, solo rogaba que aquella niña estuviera bien y a pesar de que solo era un niño que casi se orina encima cuando estuvo en peligro, debía confiar en lo que podía hacer, más allá de lo que me dijeran los miembros de Taurina Omega, yo tenía un papel en todo esto y debía esforzarme tan bien como todos.

Llegue al antiguo templo de la aldea, donde se rendía culto a un antiguo dios mapache que protegía los alrededores de las montañas, podía escuchar como aquel hombre se quejaba y se movía agitadamente, el llanto de la chica se hacia presente y sabía que en cualquier momento se aburriria de llevarla consigo.

El secuestrador entró al templo y lanzó a la chica con violencia al suelo, me enoje mucho pero no me apresure a actuar aunque pude concluir algo… esa niña no fue escogida al azar, seguramente guardaba una relación con aquel chico que enfrentaba Satoru, posiblemente era algún familiar o amiga de la infancia ya que me percate que a pesar de la situación, rogaba que el chico de la tormenta se detuviera y ahora mismo incluso parecía estar rezando por su bienestar.

Intente hacerle algunas señales pero no lograba llamar su atención, estaba demasiado concentrada y aquel hombre seguía estando distraído, intente entrar en el templo y portando solamente una vara que encontré en los arbustos, seguia preguntandome una y otra vez qué haría, pero nada se me ocurría..

Hasta que pensé en cuál era la debilidad del secuestrador, el solo me veía como un niño indefenso… pensé en Satoru y mi familia antes de hacer lo que tenía en mente y me presente con paso firme ante aquel patán que parecían incrédulo ante mi aparente determinación.

- No iras a ningun lado. -  Hable de forma clara y firme mientras le amenazaba con mi arma improvisada. - dejala ir.

- ¿Esto es una broma? - Podía ver un semblante oscuro en su mirada. - ¿viniste solo?

- Solo quiero que la dejes ir, vine solo y estoy dispuesto a hacer como si no te hubiera visto. - Un estruendo distinto a los otros pero muy familiar y una nueva sensación que invadió mi cuerpo, fui lanzado con fuerza hacia atrás por una extraña fuerza,me sentia frio, debil y perdia lentamente la conciencia, descendi mi mirada a mi pecho y toque levemente mi pecho, mi mano se encontraba manchada de rojo y me costaba mantenerme despierto ya que el dolor era indescriptible.

- Shhhhhhhhh calla. - Se acercó a mí rápidamente y me trataba como si fuera un bebe - ¿Es como si algo te picara por dentro y no pudieras sacartelo verdad? - El americano me enseñó el arma con el que me habia disparo, era una pistola pero mucho más pequeña. - tienes suerte que se me acabaran las armas de un calibre mas grande. - Dio un respiro y le ordenó a la niña que empacara todo lo que pudiera rápidamente. - Aunque puede que no dures mucho, son balas con mercurio. - No entendi a que se refería pero su sonrisa me daba escalofríos, con mis últimas fuerzas intente ponerme en pie de nuevo pero se apresuró a aplastar mi cara contra el suelo con su pie. - Hasta aquí llegamos, supongo que alguna otra aldea abra un radio transmisor o algo, asi podre salir de este país de mierda. - Ya no podía ver nada, todo estaba oscuro y solo podía saborear el sabor amargo del metal de la sangre en mi boca, el sonido del tambor del arma y su tacto en mi cabeza me desesperaba en desmedida y me hacia sentir desolado… no… lo que siento no es desesperación, me invadia la impotencia de no poder hacer nada, sentía la necesidad de querer ganar a cualquier costo y sin importar que.

Fue un instante pero aprete con mi mano izquierda su tobillo, no me importaba que se rindiera pero susurre dentro de mi unas palabras y tuve un sueño extraño, donde aquel hombre se desfiguraba de una forma horrible.




Lo unico que quedo fue el grito de aquella niña, antes de que desfalleciera.





- Eso fue lo que paso ese dia. - Dije en voz alta mientras mi madre se aferraba a mí rodeándome con sus brazos desde mi espalda y mi hermana me miraba algo asustada, como no hacerlo, me encontraba esposado de una manera muy extraña, era como si usara unos guantes de acero que me llegaban hasta los codos  y estuviera encadenado desde mis dedos, haciendo imposible que tocará a otras personas.

Resultó demasiado incomodo no poder ni alimentarme solo, pero supongo que hice algo terrible, no tengo recuerdo alguno de lo que paso más allá de aquel grito y los Taurina Omega no parecen muy convencidos de mi inocencia, aunque creo que están interviniendo a mi favor ya que un investigador de kyoto vino específicamente para revisar los hechos.

- Me alegro mucho de saber que sobreviviste al disparo jovencito, pero… todo es muy inusual. - El investigador me daba escalofríos pero actuaba como alguien muy profesional, aunque mi concepto de “profesional” solo se guiaba por lo que había visto en algunas obras de teatro. - ¿desde cuando eres “uno de ellos”?

- Señor, ya le dije que no tenia idea, solo me empece a sentir mal y algo se apoderaba de mi… - Senti escalofrios en mi cuerpo de solo pensarlo pero mi madre me calmo abrazándome un poco más fuerte. - Escuche que algo me susurro “Bonsai”. - El investigador se me quedó viendo de forma extraña mientras que anotaba cada vez más cosas. -  ¿Aquella niña está bien?...

- Gracias a ti lo esta. - El hombre se acercó y señaló mis grilletes. - eres un héroe pero tienes que entender que tomamos las medidas necesarias para que no le hagas daño a nadie, aunque no lo quieras. - A pesar de sus palabras el investigador liberó los grilletes de mis piernas y me abrió la puerta de la celda. - eres libre de ir a donde quieras, pero no tienes permitido liberarse de esos guantes hasta que te lo informemos. - Entre mi madre y el me ayudaron a estar  en pie de nuevo pero el investigador no dudo en tomarme de los hombros y me miró directamente a los ojos. - tuviste una prueba de las cosas que puede dar la guerra si llega a lugares como estos, la muerte, el asesinato y ante todo la desesperación, son suficiente para arruinarlo todo y gente como tú es capaz de cambiar las cosas o hundirnos más.

- Yo…

- Tu puedes ser un cambio, algo que podría representar un punto de inflección en este gran desastre. - Insistió el investigador quien fue interrumpido por mi madre alegando que no debía meterme cosas en la cabeza, lo mejor que pude hacer fue intentar sacar a mi hermana de esa discusión pero de nuevo, parecía temerosa de mi, asi que no me quedo de otra que marcharme.

Camine con algo de problemas por las pesas, era ya el atardecer y la mayoria de personas ya habian vuelto a sus casas, a pesar de todo la luna brillaba y la oscuridad no era perpetua, deseaba ir a buscar respuestas ya que ni sabia cuantos dias habian pasado.

Llegue a la orilla del río y me senté sobre una de las rocas que había, era extraño, aunque no podía ver mucho en la distancia sentía que a mi alrededor muchas cosas habían cambiado… bueno, después de todo literalmente pasó un tornado en la aldea, retire mi calzado con algo de dificultad, usando sólo mis pies y los deje reposar a estos últimos en las aguas del río, estaba bastante fría pero no me molestaba.

Pasaron minutos y mi cuerpo comenzó a temblar, no por el frío del agua ni por miedo a la oscuridad, sino porque sentía que no recordaba algo y eso era algo importante, pensándolo bien… tenía más heridas de las necesarias y a pesar de que recibi un disparo, no me duele tanto como para decir que eso fue lo único que pudo mantenerse inconsciente tanto tiempo, sentía como me hundía más en muchas ideas, distintos escenarios y posibilidades vinculadas a lo que fuera que podría hacer.

- ¡Hey Kenta! - Gire asustado a ver quien me llamaba y pude ver el rostro de escasos centímetros de mi, incluso nuestras narices se tocaron. - Vamos no seas exagerado jaja. - Mi amigo y yo estábamos en una posición un tanto extraña ya que me salvó de perder el equilibrio y cayera de espaldas de la roca, estaba cargando todo su peso y cuando por fin me calme, pude notar algo distinto en el.

- Satoru… ¿Que te paso? - Toque con algo de duda su rostro, me llevaba particularmente la atención su ojo izquierdo que ahora estaba cubierto por parche que tenia un estampado de dragón de color azul.

Mi amigo me ayudo a recomponerme finalmente y parecía buscar que decirme, ya que no me miraba fijamente.

- ¿Qué tanto sabes? - Se atrevió a preguntar por fin, le invite a sentarse a mi lado y a pesar que no sabia que responder en sí le dije lo último que recordé.

- Bueno, lo ultimo que recuerdo es que toque el tobillo de aquel americano… y luego escuche el grito de la niña que estaba con el. - Acaricie mi nuca y me sentí muy apenado de no recordar mas nada, aunque algunas imágenes bastante desagradables invaden mi mente y me perturbaban un poco, Satoru parecía notarlo y me rodeo con un abrazo… me sentía bastante avergonzado por eso pero igual nadie nos veía.

- Bueno, es mejor que creas que salvaste a esa niña aunque no puedo decir lo mismo por el americano. - Me susurro Satoru al oído. - nunca habíamos visto algo como eso, pero no tienes que preocuparte más.

- ¿Que hice?

- No vale la pena que lo sepas, solo tienes que saber que eres increíblemente fuerte y esa persona tuvo lo que se merecía.

- Satoru… - Lo mire bastante serio pero el parecia estar obligado a no decirme nada.

- Enserio no me pongas en este aprieto. - Dijo que pesadez mientras intentaba esquivar mi mirada.

- Entonces cuéntame el porque tienes un parche.

- Ok te enseñare que hiciste. - Al parecer lo del parche era un tema más “prohibido”, tomó mi mano que estaba protegido por aquel guante y comenzó a usar su sincronización ya que el agua del río comenzó a levantarse.

No importaba cuantas veces Satoru usará su habilidad, siempre me sentía feliz de poder experimentarla, mi amigo era bastante talentoso y… supongo que fuerte ya que pudo contener a aquel chico.

Gracias a la luz de la luna, el agua del rio brillaba y esta iluminaba algunas cosas a su paso, cuando estábamos lo suficientemente elevados me percate de algo extraño, había unas especies de islas voladoras con una forma muy peculiar, todas parecían sostenerse en el aire por una fuerza invisible.

- Tu hiciste esto. - Dijo con seguridad Satoru mientras analizaba las expresiones de mi rostro.

- ¿Cuando hice esto?

- No puedo responderte eso.

- … - Preferí guardar silencio e intentar pensar en qué momento hice esto, al parecer pude moverme más allá de mi desmayo. - entonces esta es mi habilidad…


Satoru no me apresuro y dejó que la curiosidad me guiará, me sentía realmente conectado a aquellas extrañas islas y su peculiar forma de Bonsai, cada una parecía unica y hermosa, con un toque bastante peculiar, pero por un instante pensé…. que serian geniales proyectiles para lanzarlos a aquel tipo, sacudí mi cabeza de un lugar a otro y le pedí a Satoru que me llevara de nuevo abajo.

Antes de que me marchara bastante confundido por los pensamientos que tenía, Satoru me detuvo y me giró con fuerza haciendo que lo viera directamente a los ojos.

- Oye, calmate.

- Se que no puedes decirme que hice… pero las cosas que pienso no son muy correctas.

- Es una guerra Kenta, es normal que pienses en defenderte si estuviste en peligro.

- ¿Y?, somos niños, esa clase de cosas no debería molestarnos. - Intente liberarme del agarre pero me tomo de la cadena que unía mis guantes.
- No estoy diciendo que tu lo hagas, pero yo si intentare cambiar las cosas. - Señalo el parche de su ojo y me sonrio. - prefiero que esto me pase a mi antes que a alguna persona querida.

Apreté los puños con fuerza hasta donde me permitían los guantes e intentaba asimilar lo que me decía, ¿pensaba irse y alistarse en el ejército?, no….

- ¡¿Estas loco?! - Me enoje demasiado y no podía creer lo que me decía. - ¡No dejare que hagas eso!

- Ya lo hice, me uní a Taurina Omega. - Se mostraba decidido pero no aprobaba para nada su actitud. - Soy el nuevo Taurina Blue… pero para ti siempre seré Satoru, tu amigo.

- Vas a morir… - Me arrodille en el suelo imaginando los posibles escenarios en el que podría meterse en problemas, lo conocía demasiado y se que era muy torpe en muchas cosas, no podía imaginarmelo en alguna clase de peligro. - por favor no vayas.

- Quizás me pasen cosas, por eso… - Mi amigo trago saliva y seque mis lagrimas para verlo con claridad. - quiero que vengas conmigo, que cuides de mi espalda, no se me ocurre a nadie mejor que tu.

- Pero mi familia… - Pensé en mi madre, mi padre y mi hermana, los quería demasiado y dejarlos solo en el auge de la guerra me daba escalofríos.

El sonido de las cigarras y las luciérnagas que rodeaban el río que no dejaba de hacer ruido era el único invasor de aquel perturbador silencio.

- Yo me iré esta noche.

- No deberías confiar en Taurina Omega.

- Solo estas nervioso de mi decisión, son buenas personas, si no fuera por ellos tu… - Note cómo paró en seco. - mira, si no quieres venir lo entiendo. - Satoru tomo su calzado y se alejo lentamente, queria detenerlo y decirle mas cosas pero… tambien sentia que el quería decirme mas, quizas si tenía razón y yo era quien buscaba crear excusas para no afrontar nuestra realidad.

Al dia siguiente, fui a buscarlo a su casa pero efectivamente, había dejado el pueblo, su familia lo celebraba como si fuera el héroe de una historia fantástica, su abuelo no dejaba de quejarse diciendo que solo era un iluso irresponsable y que la gran ciudad se lo tragaría por lo que volvería llorando como el mocoso que era.

Pasaron los días, eventualmente me retiraron los guantes pero con la advertencia de que no debía tocar a nadie directamente ya que mi habilidad podía ser muy peligrosa al tacto, me dieron unos guantes bastante extraños pero que pesaban muchos menos que aquellos de acero y no tenían una cadena consigo, las personas parecían haberse acostumbrados a las islas con forma de bonsai que rodeaban la aldea antes que a la idea que eso era mi responsabilidad.

Todos los días hasta el atardecer intentaba imitar a Satoru y el ejercicio mental que hacia para controlar el rio, durante dias lo observaba a lo lejos, pero nada de lo que podía imaginarme funcionaba, ¿de qué servía poder crear bonsais con el tacto si no tenía ningún buen propósito?, me repetía a mí mismo luego de haber tocado una roca que al instante se retorció hasta conseguir aquella forma, la tire con fuerza y esta floto al igual que las islas flotantes alrededor de la aldea quedando suspendida en el aire y deteniéndose de seco.

Con el paso de las semanas, algunas personas que seguramente recibieron rumores por parte de los comerciantes que a veces visitaban la aldea y sentian fascinación por los “Bonsais voladores” que con el tiempo pasaron a llamarse “Bonsais sagrados”, sin darme cuenta de eso, se volvieron un atractivo turístico, algo totalmente extraño en una época tan peligrosa.

No pasó mucho tiempo hasta que alguien me descubriera en el riachuelo creando más bonsai, no por diversión sino porque deseaba saber mas de mi habilidad, estas personas parecían demasiados interesados de pagar mucho dinero a cambio de que hiciera bonsais de distintos materiales, desde seda hasta jades o oro, mi familia me dejó la decisión de si quería eso y siendo una familia granjera… en una época de guerra, supongo que la decisión fue bastante fácil.

Los meses pasaron, me sentía totalmente aburrido y aunque pensaba en formas creativas de avanzar con mi aprendizaje, nada funcionaba, parecía que estaba totalmente estancado, como aquellos bonsais que flotaban sobre la aldea, que por cierto, se había enriquecido bastante… eso no me molestaba pero aunque había ayudado mucho a mi familia, muchas personas seguian viendome mal, ellos no me importaban, pero mi hermana seguía ignorandome o actuando frio conmigo, supongo que creerá que soy un monstruo o algo asi.

- Odio este sentimiento. - Me invade un espíritu de aventura… ¿y si hubiera seguido a Satoru? - quizás podría avanzar más y hacer algo con mi vida. - pero no lo hice, preferí  jugar a la segura por así decirlo y justificarme diciendo que era solo un niño.

Seguía sentado en la orilla del río, remojando mis pies he intentando pensar en lo que ocurrió una vez que me desmaye, no tenía recuerdos, era como si algo me bloqueara y llegaba al punto de tener mucho dolor de cabeza de tanto pensarlo, pero, un extraño aroma me sacó de mi reflexión, busque por doquier de que podría tratarse pero no fue hasta que sentí algo bastante extraño tocar mi pierna.

Mire con horror que era, de que se podría tratar y… parecía una persona, pero no era solo una, había mucha gente y el río mismo se teñía de rojo, era como una horrible pesadilla, tanta gente muerta, mutilada, con sus intentos afueras, niños, adultos, ancianos, bebés…. estaban quemados, tenían agujeros de balas que se dispersaron por todo su cuerpo, algunos incluso exponiendo sus cerebros, esto solo podría ser fruto de…



Bombarderos


- Maldita sea…  - Se dirigen directamente a la aldea, la arma sonó de inmediato pero de nada serviría, nadie podría ponerse a salvo, solo de imaginarme que eso podría pasarle a las personas que veía a diario me daba pánico y sentía que esas personas merecen ser vengadas.

El aterrador sonido de las aeronaves era cada vez más fuerte, la alarma y el aroma putrefacto de los cadáveres me hacia sentir como si estuviera en el infierno, retire los guantes, no me importaba hacer el ridículo, no me interesaba si me ganara el adjetivo de monstruo, defenderé lo mejor que pueda… no, aplastaré a todos.


¡Toque de Bonsai!


Grite a todo pulmón mientras tocaba el suelo que estaba a mis pies, funcionó, un pequeño islote desgarró el suelo y floto debajo de mi, me costó mantener el equilibrio pero respire profundamente mientras pensaba en mi objetivo.

Estaba sudando a mares pero por fin logre que la isla de bonsai que estaba a mis pies se moviera a mi voluntad, quizás era la desesperación o la determinación, pero había encontrado la motivación indicada.

Me moví muy rápido hacia el cielo, incluso más rápido que Satoru cuando usaba a su dragón del río, pero me costaba mucho controlar el bonsai volador, incluso llegando a casi caer por la velocidad y apenas logrando esquivar a uno de los bombarderos.

Fue entonces cuando pensé cómo debía derribarlos, intentar decirles que se detuvieran no servirá, tome la decisión de usar la única “munición” que tenía a la mano, sin saber si funcionaria pero una vez que me rodearon, me di cuenta que tenía total control de la situación, las grandes islas de bonsai que sobrevolaban el pueblo estaban a mi disposición y no dude ni un segundo en dirigirlas con fuerza hacia las naves enemigas, las explosiones, los gritos de agonía, todo me recordaba algo pero eso no me importaba ahora.

Incluso algunos intentaban abandonar las aeronaves lanzándose en paracaídas pero aunque mis manos temblaban, sabía que ellos no mostrarían la misma piedad con mi gente, podía repetirse lo que hizo el americano en la anterior ocasión, ellos no eran buenas personas y yo seguramente, tampoco… por lo que no dude en atropellarlos con las pequeñas islas, haciendo un salpicar de sangre y dolor.

Llegue al punto de tocar los bombarderos y convertirlos en bonsais de acero que trituraban internamente a sus pasajeros pero que curiosamente no explotaban, solo al lanzarlos hacia los otros bombarderos, parecía que mi poder no tenía límites y en medio de todas esas llamas y escombros, me sentía fuerte, pero me detuve en seco al pensar que eso no era yo, quizás muy tarde… ya que todos fueron acabados.

Desde las alturas podía apreciar que los escombros no llegaron a la aldea, pero daba un aspecto macabro y apocalíptico, pero ya sabía lo que debía hacer.

Descendí al suelo, de cierta forma sentía que debía agradecerles a los islotes de bonsai que quedaron, me hacia sentir bien conmigo mismo aunque mi ropa estuviera empapada por el humo y la sangre, caminé decidido por el pueblo y llegue a encontrar a mi familia.

Antes de que pudieran decir algo, los abrace, incluso a mi hermana quien me miraba extrañada, cuando me separe, me incline ante ellos y suplique, estrellando casi totalmente mi rostro al suelo.


Déjenme luchar, por favor, quiero protegerlos a todos.


Fue de esa forma como inicio mi viaje, uno que me llevaría a la capital imperial y que gracias a la fama que obtuve en la región, me llevó a aspirar a ser parte de la marina imperial, algunos dicen que soy un prodigio… pero se que solo soy un niño egoísta que solo piensa en su viejo amigo de la infancia, espero que cuando tenga permitido salir, pueda encontrarte Satoru.
« Última Modificación: septiembre 05, 2016, 10:50:11 pm por Yuuki Hachiken »

Yuuki Hachiken

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Capitulo 2: Recuperando el equilibrio.
« Respuesta #2 : enero 24, 2017, 10:51:06 pm »

Kenta y Satoru


 

 

Era un día bastante frio en mi pueblo y la verdad me costaba levantarme de mi futón, mi cuerpo se sentía todavía entumecido todavía aunque habían pasado un par de días desde que el pueblo sufrió de aquel ataque y yo… ¿lo salve?, si lo hice, en medio de mi pereza decidí cambiar mi posición en la cama, quedando boca arriba y logre levantar mi brazo en dirección al techo con bastante dificultad, si, realmente pude hacerlo, en el espacio de mis dedos pude seguir apreciando el extraño fenómeno que yo causaba en mi habitación, algunos pequeños fragmentos de tierra y una de mis antiguas cobijas flotaban en el espacio de mi morada, empiezo a sospechar que mientras más débil me sienta menos control tengo en lo que hago y eso me hacía preocuparme un poco.

Busque fuerzas de donde tenía para sentarme y poder pensar mejor las cosas, hoy era el día en el que me iría de casa y emprendería mi viaje en busca de mi mejor amigo… del cual solo tenía una que otra pista de sus nuevos amigos, los Taurina Omega, unos dichosos héroes que tuve el “placer” de conocer en el primer incidente que envolvió a mi pueblo, ellos nos “salvaron” y  parece que no solo se detuvieron en su “justicia”, si no que estuvieron por todos lados de la nación ayudando a las personas en esta guerra que se prolonga cada vez más.

El incidente que envolvió a mi pueblo fue uno de los tantos que ocurrió ese día, algunas ciudades, pueblos y distritos quedaron hecho trizas, los que se salvaron fueron por suerte o porque tenían personas con cualidades extrañas como las mías para poder defenderse, de igual forma el número de heridos y muertos fue muy elevada, en mi pueblo solo estaba yo y tuve la suerte de que las cosas tuvieran un final feliz, aunque el sentimiento de culpa no deja de invadirme, si me voy, si ocurre un nuevo ataque las personas del pueblo sufran o peor aún, mueran… últimamente he pensado demasiado en la muerte, en aquel momento fue tan efímero, jamás en mi vida pensé que arrebatarle la vida a alguien fuera tan “fácil”, era casi como aplastar una hormiga, intente durante muchas encontrar una respuesta a ese sentimiento de culpa ya que entraba en conflicto con que si no hubiera tomado acciones hubiera pasado una situación igual con la de aquel extranjero secuestrador… lamentablemente tuve que pensar en que eran ellos o nosotros y el miedo que tenía entonces no me dio un buen juicio.

Me di un golpe en el pecho y cerré los ojos, esas personas estaban dispuestas a morir en el momento que iniciaron una guerra con nosotros… eso fue lo que me dijo el abuelo de mi mejor amigo cuando me vio lamentándome en el rio, me apoye en las palabras del señor estos días para poder dormir, pero la realidad era que con este poder tenía una gran responsabilidad y no podía relajarme, por eso debo hacerme fuerte…


- ¿Hijo estas despierto? – Escuche la voz de mi madre al otro lado de la puerta corrediza, me alegro ahora de tener una puerta ya que seguramente hubiera notado mi rostro preocupado al instante, supongo que son las ventajas de haber logrado crear unos pequeños jardines bonsái que logre vender en el pueblo luego de asegurarme de que fueran totalmente seguros, aunque la idea fue de uno de los comerciantes que visitan el pueblo, eso me permitió conseguir el suficiente dinero como para ayudar a mi familia y la verdad… sí que tenemos una casa muy grande ahora.

- Claro mamá, estoy despierto. – Le conteste mientras me levantaba con dificultad y me disponía a abrir la puerta, pero ella se me adelanto, ciertamente mi madre era hermosa, ella siempre fue como una especie de diosa bondadosa para mí a pesar de que durante algún tiempo ella al igual que los demás miembros de mi familia tuvieron miedo de mí.

- ¡Hey con calma! – Me atrapo a regañadientes, sin darme cuenta estaba tambaleando tanto que casi me doy de cara contra el tatami. – Kenta, no sé cómo se te ocurre marcharte en este estado, debes hacerle caso a lo que el doctor te indica.

- ¡Estoy bien!, solo me duele un poco el oído izquierdo. – Dije animadamente mientras me esforzaba por mantener el balance y estar de pie por mis propios medios, pero sin rechazar la ayuda que me daba mi madre. – Pensé en un plan para poder viajar sin problemas, tranquila estaré bien. – Intentaba descifrar su expresión para saber si logre convencerla o no, pero simplemente me resultaba imposible, al parecer seguía preocupada por las secuelas que me habían dejado aquellas explosiones.

- Me cuesta creerte, pero bueno… lograste todo esto. – Mi madre veía fascinada la nueva casa y la verdad me llenaba el corazón de alegría que yo podía hacerla sentir de esa manera. -  Eres increíble, se nota que eres mi hijo jajaja. – Ciertamente los abrazos de mi madre eran muy potentes, lograban sacarme el aire y es que su fuerza parecía la de dos hombres.

- Ma… no puedo respirar…

- Si no puedes aguantar los mimos de tu madre no tendrás el coraje que se necesita para salir de este lugar. – Sus ojos tenían un brillo de malicia de cierta forma y me aparte de ella con algo de dificultad, definitivamente en sus pensamientos estaba la idea de que me rindiera o algo y siguiera siendo su pequeño Kenta por siempre. – Anda, al final si puedes mantenerte de pie por tus propios medios. – Forzó su sonrisa, podía notarlo.

- De hecho, debería irme ya. – Di unos cuantos pasos con torpeza, pero me abrí paso para salir de mi habitación, sorprendiendo un poco a mi madre por mi esfuerzo.

- Pensaba traerte el desayuno…

- Tranquila, puedo ir yo solo. – La verdad es que el tatami estaba algo frio y eso me quitaba las ganas de alejarme de mi futón, pero no podía dar marcha atrás.

- Eres un terco, ojalá demostraras esa actitud para hablar con tu hermana.

- No es como si no lo hubiera intentado, pero ella parece tenerme miedo, creo que sería mejor si me marcho sin más antes de seguir presionándola.

- Ella no te odia, solo tiene miedo de lo que ha pasado desde que bueno…

- ¿Desde qué puedo hacer esto? – Toque unas hojas que estaban a mi alcance y estas tomaron la forma de un origami de bonsái. – Yo no pedí esto… pero es realmente conveniente para algunas situaciones. – Intente ser algo sutil pero la verdad es que estaba más alegre que otra cosa de tener por fin una habilidad así.

- Recuerda que tu hermana todavía es pequeña y asumir que podría tener una habilidad de ese tipo puede generarle muchas dudas. – Me miro un poco con los ojos entre cerrados y finalmente estrujo un poco mi cabeza con sus manos. – Los niños tienen otra forma de ver las cosas a las niñas, ¿seguramente piensas que es muy genial poder tener súper poderes no? – Intentaba zafarme, pero no podía dejar de sonreír como tonto, realmente me conocía jajaja.


Finalmente avanzamos hacia la cocina, me senté en la mesa y pude darme cuenta que había más de lo usual, realmente mi madre se esforzó con el desayuno, nuestra calidad de vida subió mucho y esto se notaba en la cantidad de proteína que se servía en nuestra mesa, el delicioso aroma de la comida llenaba mis pulmones y me hacía babear un poco, no paso mucho para que mi madre me regañara por comer con tanta prisa y atorarme más de una vez.


- ¡Por fin te despertaste! – Mi padre entro con tanta sorpresa a escena que casi me ahogo por cuarta vez, al parecer traía unas cosas consigo y no estaba solo, mi pequeña hermana le acompañaba, aunque me costó verla ya que se escondía detrás de mi padre. – Intenté despertarte para que fuéramos juntos a comprar lo que necesitabas, pero no tuve éxito. – Mi padre era un poco más mayor que mi madre, según escuche eran amigos de la infancia y fue mi madre quien le pidió salir poco después de que este volviera herido de la guerra al pueblo, sí, mi padre estuvo en la guerra y fue un marinero algo problemático. - ¿Por qué te me quedas viendo así?, ¿tengo algo en la cara? – Pregunto mientras me robaba un poco de carne de mi plato y se sentaba a mi lado.
 
- Es que eh… pensaba que si… - Piensa Kenta, no quedes como un tonto ante tu padre. – pensaba si podías recomendarme algún lugar para quedarme en la ciudad imperial, sí. – Afirme con algo de alivio ya que esa de hecho era una buena pregunta.

- Bueno, tengo un par de amigos en la armada que podrían darte una mano, te escribiré una carta de recomendación… ¿podrías unírteles sabes?

- No creo que acepten a alguien como yo. – Descendí la mirada con algo de pena, pero sin dejar de comer.

- Si lo dices por lo que puedes hacer, solo te diré que tus habilidades ya demostraron ser útiles, pero… - Mi padre recibió la mirada amenazadora de mi madre y se corrigió al instante. – eres un niño y no deberías ir a algo así, mejor quédate aquí con nosotros.

- Pa… confía en mí, encontrare que hacer además quiero evitar a toda costa que ocurra de nuevo una tragedia en el pueblo. – Hablé con la boca llena sin querer y recibí un pequeño regaño de mi padre por los malos modales.

- Ah cierto se me olvidaba, quizás hablar con alguien al medio día en la parte comercial del pueblo te ayude a decidir. – Dijo mi padre en voz baja mientras se acercaba a mí con la excusa de robarme otro pedazo de pescado asado.


Solo le hice una señal con mi cabeza de que había entendido el mensaje y con un poco de su ayuda me levante luego de comer, para mi sorpresa mi padre me cargo en brazos, pude observar como mi hermanita huyo cuando su refugio se movió y con la excusa de que deseaba que tomara algo de aire fresco, me llevo a afuera.


- Tienes unos 15 minutos, aunque si quieres irte directamente no te detendré hijo, podría sacar las cosas para ti. – Mi padre me bajo con delicadeza al suelo y pude mantenerme en pie.

- Pa… yo solo quiero decirte que lo que estoy haciendo es para protegerles además tengo que encontrar a Satoru, no me gusta que este con esos payasos disfrazados. – Gruñí un poco mientras me quejaba. – Aunque también me siento mal de dejarlos solo, no es como si me creyera un héroe, pero no quiero imaginarme que podría pasar si no estoy durante otro bombardeo.

- Tu ve a hablar con la persona que te está esperando y repíteme lo que me acabas de decir al volver. – Mi padre dio una pausa como si estuviera analizando mi sutil temblor en mis rodillas.

- No es como…

- ¿Enserio puedes caminar? – Me cuestiono al instante, pero yo solo infle mis mejillas y me deje caer hacia adelante en el suelo, de forma algo suave eh, que no me quería reventar la nariz o partirme el cráneo, al instante el suelo que estaba debajo de mí y a mi alrededor comenzó a formar una pequeña isla que no se demoró en convertirse en un bonsái de tierra, césped y rocas, flotando al instante y acomodándome en el “tallo” de mi pequeña isla flotante personal. – Bueno es más sorprenderlo verlo de cerca, me pregunto de donde sacaste ese lado artístico…

- No creo que debatir por qué tenga un poder tan raro y tan “artístico” contigo pa, me dé más tiempo. – Le dije antes de irme de prisa hacia la zona comercial del pueblo, quizás demasiado rápido, bueno, tan rápido que mis mejillas parecían ser impactadas por un chorro de agua, todavía me costaba mantener el control de lo que hacía, es como si tuviera una fuerza desmedida, actuar delicado con esto era como intentar atrapar peces dorados con esas redes de papel que siempre me sacaban todo el dinero en los matsuri.


Aunque mi medio de transporte casi parecía un caballo salvaje sin riendas, logre tomar el control lentamente, pero con dificultad y no me tarde en llegar a mi la zona comercial del pueblo en una sola pieza.

Obviamente llame la atención sin querer, a pesar de que los bonsáis voladores se volvieron parte de la “decoración” del pueblo, a muchas personas todavía le fascinaba ver con qué clase de cosas saldría, bueno en parte es culpa mía ya que al comercializar algunos, tuve la oportunidad de experimentar con muchos minerales y materiales, desde oro a acero, ese tipo de actividad llamaba la atención de la gente y veían ese proceso como un espectáculo, también algunas personas me veían como alguien caritativo porque done mucho del dinero en reparaciones para el pueblo, pero aun así había algunos que me detestaban ya que no puede causar menos impacto en la zona de cultivo de arroz.


- Hey oniichan, ¿hoy harás algo genial? – Me pregunto una pequeña niña que se me hizo familiar, ¡ah si ella era! – Pero primero quiero que hables con mi hermano… - Ella me tomo de la mano sin dudarlo y me jalo hacia un lugar alejándome del cúmulo de gente que se había formado alrededor de mi peculiar medio de transporte.

- Oye espera, ¿para qué tu hermano quiere hablar conmigo? – Intentaba seguirle el paso, pero estaba tambaleándome tanto que me sorprendía no estrellarme con más de una persona en el trayecto.

- Puedes preguntárselo a él. – Antes de que me diera cuenta ya estaba a los pies de la prisión del pueblo, me sentía incomodo ante la situación, seguramente todavía no habían liberado a su hermano y la verdad no era el culpable de todo eso, el simplemente fue utilizado por aquel extranjero y no tenia de otra, la niña me empujo para que entrara y con algo de vergüenza pase entre los oficiales. – Buenos días. – Dijo animadamente la pequeña a uno de los hombres de la prisión quien lejos de mostrarse arrogante o enfadado, admiro a la niña con felicidad.


- Buenos días, Hana, ¿estás aquí para ver a tu hermano? – Contesto aquel guardia.

-  Si, por favor ah y… - Me tomo del brazo y lo acerco mucho a ella. – este chico de aquí es mi invitado, aunque seguramente ya sabes de quien se trata.

- Sí que sé muy bien quien, aunque no había tenido el placer de hacer esto personalmente. – Aquel imponente señor se levantó y me sorprendí aún más al ver lo grande que era, pero para mi sorpresa inclino la parte superior de su cuerpo hacia mí y dijo algo que me impresiono. – muchas gracias de salvar esta aldea cuando ninguno de nosotros pudo.

- Ah yo… ¡No gracias a usted por cuidarla como se debe, yo solo fui un imprudente! – Me exprese casi gritando por lo avergonzado que estaba y logre imitar su gesto de respeto.

- Que chico tan modesto. – Pude notar la sonrisa del señor y los demás guardias de la prisión. – No les quitare más tiempo, permítanme guiarles, sin más el amable hombre nos guio atreves de celdas de todo tipo, donde la mayoría estaban vacías y una de las que pase llamo sutilmente mi atención, estaba llena de sangre y grilletes. – No te quedes viendo esa, digamos que aquel idiota que se atrevió a ponerle las manos encima a esta pequeñita, fue una nuez dura de roer, pero los buenos chicos de Taurina Omega se encargaron de sacarle la información.

- Entiendo. – Seguí caminando con la mirada baja intentando ignorar el aroma a sangre que impregnaba en ese lugar tan encerrado, estuvimos caminando por unos pasillos hasta que llegamos a una gran puerta, que para nuestra sorpresa alguien abrió, de esa habitación salió un hombre que no tenía apariencia de ser por aquí, diría que era un trabajador del imperio ya que su ropa era totalmente blanca, él nos observó por unos segundos y nos sonrió, le dijo algo al oído al guardia y finalmente siguió su camino.

- ¡Por fin llegaron! – Me saludo animadamente aquel chico con el que había tenido un encuentro hace unos días y causo todo ese desastre en el pueblo, aunque bueno, quien lucho con el fueron los Taurina Omega, me sorprende verlo con apenas uno que otro arañazo o venda, su apariencia destacaba por ser bastante delgado, seguramente por la desnutrición que se vivió en su pueblo, su cabello tenía un extraño color pálido que contra tastaba con el castaño de sus ojos, su nariz era tan pequeña que parecía un botón, es como si su cuerpo completo demostrara una extraña facilidad y la verdad me sentía culpable de tenerle tanta pena, aunque a pesar de todo, no parecía que estuviera como un prisionero. - ¿Tu mente sigue aquí? – Estaba tan cerca de mí que me asuste, ciertamente tengo un problema con quedarme pensando demasiado.

- Estoy bien, estoy bien, ¿puedo preguntar para que me necesitabas? – Él se sorprendió un poco, pero parecía que se relajó por un instante y me invito a sentarme en una de las sillas de metal que había en su celda, su hermana se quedó a su lado y el oficial de seguridad se quedó estático en la puerta observándonos. – Disculpa si soy muy directo, pero no tengo mucho tiempo.

- Tu padre vino a verme y me comento que estabas por abandonar el pueblo, pero tenías dudas, además de que mi amigo de aquí. – Señalo al guardia. – me comento que también nos salvaste de un bombardeo, yo quería ayudar, pero si me comportaba mal y te ayudaba con esos fuegos artificiales quizás no tendría los beneficios que tengo ahora. – Aquel chico cruzo sus piernas y su hermana se sentó en ellas, para mi sorpresa pude notar como aquel chico se llevaba una pipa a la boca y su hermana la encendía al instante… que demonios está pasando aquí.
 
- Yo…

- Tus nos salvaste tres veces, camarada. – Me interrumpió al instante. – cuéntame que opinas de los extranjeros.

- La verdad no me caen bien.

- En eso estoy de acuerdo. – Inhalo con fuerza aquella pipa y dejo salir bastante humo de su nariz, ¿ese aroma era de incienso? – ¿Y sobre los Taurina Omega?, ¿Qué piensas?

- Bueno la verdad, los odio. – Al momento de decir eso el azoto la mesa con una de sus piernas y casi logra aplastarme algunos dedos.

- Yo los respeto, no solo me derrotaron si no que tuvieron el honor de dejarme vivir. – Dio una pausa y su hermana se acercó a su hermano, para susurrarle algo que no alcance a escuchar. – Disculpa mi hermana dice que tengo que ser gentil contigo, aunque a ella le cae muy bien Pink Omega.

- Yo los odio porque le metieron ideas estúpidas a mi mejor amigo y lo alejaron de aquí. – Exclame sin dudar y apretando los puños. – pero no sé si debería irme, la verdad tengo miedo de que les pase algo.

- No te preocupes, digamos que pagare mi condena quedándome en este pueblo por siempre.

- ¿Eh? – Me quede bastante extrañado ante sus palabras.

- Digamos que unos amigos y yo nos encargaremos de que te puedas ir sin ninguna clase de problema, este lugar será como nuestra base secreta de operaciones. – Sin más subió sobre la mesa y se quedó de cuclillas viéndome directamente a los ojos con una expresión amenazadora. – Tienes la palabra de Harukichi Yamaguchi y más te vale que no me defraudes porque estoy depositando mucha confianza en ti.

- S… sí señor.

- No te escucho niño de porquería… - Al estar tan cerca de él pude notar que se alcanzaba a ver un tatuaje que recorría completamente su espalda y me sentí totalmente asustado al instante.

- ¡SI SEÑOR!


Me alcancé a despedir, salí mecánicamente de la prisión y sin ninguna clase de líos subí de nuevo en mi pequeño islote volador, incluso el temblor de mis piernas había desaparecido, no sé si por primera vez en mi vida me sentí amenazado y a la vez con una sensación de que podía estar seguro que nada malo podría pasar… al menos no por los bombardeos.


- ¿Cómo te fue? – Pregunto mi padre haciendo que perdiera el balance de mí mismo y me cayera del Bonsái. – a veces eres tan cómico jajajajajaja

- ¡No te burles de mí! – Le respondí gritando a mi padre solo para darme cuenta que sentía mi entrepierna húmeda… oh no.

- ¿No estas algo grande para eso?

- Iré a bañarme, es solo agua, sí. – Dije totalmente apenado mientras me apresuraba al baño con total cautela… maldita sea, realmente ese chico me había asustado demasiado.


Me desvestí completamente y me aseguré de asearme lo suficiente como si pudiera quitarme la vergüenza con el agua caliente, no puedo creer que un chico que apena me llevaba tan pocos años de diferencia lograra ser tan fuerte… me sumergí en la bañera y con algo de rabia admití que, si no hubiera sido por los Idiotas Omega, seguramente me hubiera derrotado o asesinado muy fácil.

Esos Taurina Omega son un misterio, nadie conoce sus identidades… bueno yo se la identidad de uno de ellos, su nuevo integrante, Blue Omega también conocido como el Dragón de rio… para mí siempre será Satoru, mi mejor amigo, un chico normal del pueblo que siempre fue un ejemplo para mí, aunque jamás lo admitiría ante él. Por otra parte, Los taurinas restantes tienen una identidad desconocida, Red Omega es el líder, es conocido como el salvaje pez koi, la primera vez que me entere de que ese engreído era comparado con un pez solo pude tirarme al suelo y reírme como un maniaco, Quien seguía en la línea de mando era Yellow Omega, era una chica con un temperamento muy agresivo y su apodo le encajaba perfectamente ya que le decían el avispón problemático, finalmente quedaba la segunda que más odiaba de todos esos payasos, Pink Omega jejeje no le queda nada mal su apodo de salamandra albina, ya que para mí es una reptil completa.

Los rumores de ese grupito crecían día a día, tenían mucha fama y seguramente en la ciudad imperial podría saber más de ellos, incluso algunos decían que tenían vehículos extraños y un gigante de acero que estaba incompleto, definitivamente puras tonterías, hoy en día la gente exagera demasiado me decía a mí mismo mientras me daba cuenta que había moléculas de agua a mi alrededor flotando, bueno, hoy en día ocurren cosas como estas.
Al salir del baño totalmente listo para incursionarme en mi viaje, crucé la puerta con total silencio y pude ver a mi padre quien me esperaba con todo mi equipaje listo, no llevaba demasiado, aunque sí mucho dinero ya que sería mejor comprar las cosas una vez que llegara, avance con prontitud hasta que… sentí el terrible de un abrazo de oso muy familiar.


- ¿Pensabas irte ya? –  Mi madre definitivamente no estaba dispuesta a dejarme ir.

- Ya es de tarde… debo avanzar.

- ¿No sería mejor que te marches mañana?

- ¡NO! – No sé cómo, pero logre zafarme de su agarre, pero la mire directo a los ojos y no dude en mantenerme firme. – ¡Debo irme ya!, ¡Espere tanto tiempo a recuperarme porque tu querías, pero ya estoy bien! –  La expresión de sorpresa de mi madre era algo totalmente nuevo, jamás le había levantado la voz y mucho menos “huir” de esa manera.

- Por favor hijo, tu nunca has salido de este pueblo y ¿ahora quieres aventurarte sin rumbo?, ten los pies sobre la tierra.

- Pero me gusta mi nuevo medio de transporte, no es un caballo, pero es como… auch – Recibí pequeño golpe en la cabeza por su parte. – Se de que estas hablando, mira que me quedo bien en claro de lo que podría pasar y no quiero que Satoru quede en la primera línea de todo eso.

- Deja que la familia de Satoru se encargue de eso no es tu asunto. – Se acercó a mí y me tomo del brazo con fuerza. – ya estuve suficientemente preocupada de que te pasara algo durante ese bombardeo y ahora te estas convirtiendo en algo que no eres.

- ¿Algo que no soy?, ¡además si no hubiera hecho algo ya todos estaríamos muertos!

- No eres como Satoru, si no estarías con aquellos héroes, los Taurina Omega.

- Tienes que estar bromeando…

- Cariño ya deja que Kenta se marche, estoy seguro de que podrá hacer grandes cosas. – Intervino mi padre a mi favor y bueno, la guerra estaba desatada y yo ya estaba enojado con mi madre como para evitar que mi padre no levantara la voz, intentaba soltarme, pero no me dejaba, hasta que intervino alguien a mi favor que no esperaba.

- ¡Ya dejen de pelear! – Apareció mi hermanita con lágrimas en sus ojos y a pesar de apenas entender las cosas se lanzó sobre la pierna de mi madre, no sé si ella se enterneció o se preocupó, pero me soltó y aproveche la situación para escapar junto con mis cosas, mientras me subía al bonsái pude mirar sobre el hombro como mi hermanita y mi padre intentaban contener a mi madre, solo alcance a decirle… “Te mandare noticias de mí y me cuidare mucho”


Espero poder volver, enserio intentare hacerlo.


Había logrado a avanzar bastante, aunque me sentía algo agotado así que descendí un poco al nivel suelo, quizás ya iba siendo hora de que me preparara para acampar o que tuviera la suerte de encontrar un lugar donde quedarme, a pesar de todo el atardecer era muy lindo, tan naranja y bello por las montañas… me pregunto qué hare una vez que entre a la ciudad imperial... todavía no tengo ni una pista de donde podría estar Satoru, quizás ni siquiera estará en la ciudad para cuando yo este.


- ¿Eh y eso? – Me di cuenta de que algunas personas se encontraban tiradas en un cruce de un camino junto con un carruaje bastante elegante, me acerqué con cuidado simplemente impulsado por la curiosidad, tome precauciones, decidí bajar sin necesidad de dejar mis cosas vulnerables ya que mande al islote bonsái hacia las nubes y al menos que ocurriera una tormenta o de casualidad pasara un avión bombardero, estaría bien. – Hola… ¿alguien está vivo? – Pregunte en voz baja mientras intentaba no pisar a las personas, cuando me acerque al carruaje me percate de una tenebrosa sorpresa, dentro de él había personas vivas por suerte, dos de ellas atadas y con un bandido en medio apuntándole con armas, en menos de lo que esperaba, las personas que estaban a mi alrededor tiradas en el suelo se levantaron y sin dudarlo, intentaron atacarme.


Intente moverme con prontitud, pero no era muy bueno en combate cercano y no tenía experiencia en combate real con mis habilidades, pero para mi suerte… o desdicha, mejor dicho, unos hombres en caballos llegaron.


- ¡Bandidos no dejaremos que se atrevan a tomar el carruaje del príncipe! – Grito uno de ellos antes de que nos rodearan… oh dios madre, menos mal no estás viendo esto, aunque ahora creo que estoy a salvo. – Todos ustedes quedan arrestados en nombre de Rugi Sama, señor de estas tierras. – Oh no…

- Esto… yo venía aquí a ayudar. – Levante la mano como si estuviera en la escuela.

- Señor, tiene acento de campesino, definitivamente no creo que sea parte de ellos. – Le aconsejo uno de los jinetes a quien parecía el líder… aunque su figura parecía el de una chica joven.

- Puede que sea un infiltrado, no debemos dejar que nadie se salve del juicio sagrado. – De repente se retiró su casco… mierda era un chico después de todo, definitivamente mayor que yo, pero era… extrañamente apuesto, ¿acaso tenia maquillaje encima?, quizás es algún artista de teatro kabuki.

– Malhechores, atestigüen la habilidad del joven maestro del Dojo de Rugi Sama… ¡El poema de la calamidad! – Dijeron los jinetes al unísono y le alcanzaron un extraño instrumento al muchacho.

- Mi nombre es Shou, Shou Kimura y…. – De repente la atmosfera entera cambio y sus ojos parecían brillar.




La mariposa revolotea



Mi cuerpo comienza a sentirse extraño, siento que mi energía lentamente es drenada y a pesar de que intento hacer algo, siento como la mirada de ese chico me advierte de que no haga nada tonto.



Como si desesperara


Siento fiebre, ganas de vomitar… incluso la sensación de que mis ojos están por abandonar sus cuencas pasa por mi mente…

 

En este mundo



De repente siento como todo mi sistema se apaga de golpe, me he desmayado, si, ya conozco esa sensación.






- ¡Formación! – Grito un hombre mayor que rompió la calma de los novatos


Inmediatamente me puse en línea recta y asumí la postura de disciplina de manera perfecta, de la nada noté como algunos se me habían quedado mirando de forma extraña…. Mierda, olvide que ahora soy un futuro almirante y muchos de los marineros se estaban aguantando la risa, ¿cómo no hacerlo?, el entrenamiento fue tan duro que quedó plasmado en mi conciencia, aunque muchos dicen que debía agradecer mi suerte y que mi peculiar habilidad fue del agrado del emperador, gracias a eso fui tratado como un caso especial y me jure a mí mismo que no desaprovecharía la oportunidad.


-  Yo…  - Estaba en blanco, no podía moverme… ¿Por qué tenía a un niño de cabello verde sosteniendo mi mano?, tengo la sensación de que este chico es muchísimo más grande que yo y siento que el fuera quien me sostiene a mí.
- Hermano, di algo, te están viendo todos. – Dijo aquel niño con una dulce voz.


Me acerco lentamente al micrófono y aun con la mirada de todos quienes estaban en un silencio casi de ultratumba pregunte con algo de resequedad en mi garganta.


- ¿Es esto un sueño verdad?
« Última Modificación: noviembre 11, 2017, 08:44:14 pm por Yuuki Hachiken »

Yuuki Hachiken

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Capitulo 3: El castillo de Rugi
« Respuesta #3 : mayo 02, 2017, 02:07:11 pm »

Me desperte al instante, había tenido un sueño muy extraño… ¿Quién podía ser aquel chico de cabello verde?, además el como un almirante… cielos, que sueño tan loco me repetía una y otra vez, pero entonces… tuve vagos recuerdos de lo que paso antes de que me desmayara, cierto… unos bandidos intentaron hacerme daño.

No me había dado cuenta de la clase de situación en la que estaba, al parecer quienes fuera que detuvieron a los bandidos y a mí en el proceso… nos llevaron a un lugar muy extraño y lujoso, la habitación en la que desperté desbordaba elegancia por doquier, incluso un leve olor a incienso bastante caro hacia acto de presencia, revise un poco mi cuerpo en búsqueda de las ampollas y demás extraños brotes que me alarmaron antes de desmayarme pero no había rastro alguno… de hecho hasta mi piel desnuda tenía un aroma que no era familiar para mí, no me mal interpreten, soy un chico aseado pero parecía que fuera una persona nueva.

Me levanté con algo de dificultad, tenía las piernas algo dormidas y me costaba mantener el equilibrio… pero me extrañe al darme cuenta que no había utilizado aquella incómoda habilidad al dormir, todo era demasiado utópico y me preocupaba bajar la guardia, cielos, mi madre se enojaría si se enteraba que en el primer día lejos de casa ya me habían raptado.

- Con que entre a la montaña de Rugi sin darme cuenta… - Reflexione en voz alta mientras me sentaba en el futón y aspiraba un poco la esencia tan agradable del lugar. – Pero… no estoy en un calabozo así que quizás se solucionó el mal entendido.

Intente caminar lejos del futón y me percate que tenía un grillete en mi tobillo.

- Sabía que no podía ser tan fácil. – Sonreí inevitablemente ante la situación y pensé en usar mi habilidad, pero…. ¿Qué tal si en lugar de liberarme me presiona contra el metal?

El estar atrapado me hacía sentir desesperado, pero de la nada mi cuerpo comenzó a sentirse cálido… como si estuviera siendo abrazado y luego un cosquilleo en mi piel se hizo presente, se sentía como si me acariciaran el cuerpo, primero mis pies, piernas… la sensación seguía subiendo hasta llegar a mi…

- Qué demonios me está pasando… - Intente contener esa extraña sensación en mi entrepierna con mis manos, pero causaba el efecto contrario, me sentía terriblemente más sensible y ese calor avanzaba hasta mis glúteos.

El hecho de que estuviera desnudo no ayudaba para nada, sentía que las cobijas del futón solo por rozarme amplificaba ese calor invasor, mi respiración comenzó a agitarse y mi pene comenzaba a levantarse, jamás lo había visto así, aunque había escuchado a algunos chicos que eso pasaba.

De alguna forma sentía que debía repetir la sensación que tuve al intentar cubrir mi entrepierna con mis manos, dude un poco, pero sentía que no podía esperar, acerque mi mano derecha a mi pene que temblaba un poco y aunque di un pequeño sobresalto ya que mi mano estaba algo fría, el tacto hacia que me fuera terriblemente adictivo el explorar esa sensación.

Mis dedos se encontraban tomando mi pequeño pene con delicadeza, jamás pensé que podía sentirme así de bien y por instinto empecé a acariciar cada vez más hasta llegar a mis bolas, en mi torpeza comencé a sudar, cada vez perdía más la cabeza y de la nada se me dió por usar ambas manos… así que por esto decían que se sentía bien tocarse.

Aquel calor ahondó aún más en mi cuerpo y sentía que no podría parar, de alguna forma conseguí hacerme con un ritmo hasta que me deje caer en el futón y totalmente agotado sentía como si perdiera energía...

- Con permiso… - Alguien estaba por deslizar la puerta en la que me encontraba y apenas alcance a cubrir mi cuerpo con las cobijas.

Cuando entró en la habitación me sentí totalmente tenso, aquel rostro adornado por ese extraño maquillaje y su cabello rojizo como la sangre, aunque esta vez llevaba un traje tradicional muy elegante de estampado de flores y color verde, su figura no podía ser menos intimidante y aun así, su sonrisa forzada demostraba que por obligación debía actuar cordial.

- Espero que pudieras descansar bien. - Hablo con un tono delicado y se acercó con una bandeja llena de deliciosos alimentos, pero aun así intentaba evitar mirarlo y me mantuve en silencio. - Me disculpo por la hostilidad, espero que aceptes esto como disculpa de parte de Rugido Sama y mía.

- ¿Entonces saben que no soy un delincuente? - Me emocioné tanto que escape levemente de las cobijas, pero logré cubrirme un poco, note como el tal Kimura no me quitaba los ojos de encima. - Espera… ¿entonces porque llevo este grillete?

- Fue una medida de seguridad…

- Pero…

- Es el protocolo usual para los chicos como tú y yo, pudimos confirmar tu identidad, Kenta, además fuiste el salvador de una persona muy importante. - Al parecer su sonrisa se forzó cada vez más, quizás se sentía enojado por no llegar a tiempo y ser el héroe. - Mucho gusto, soy Kimura Shou y soy un miembro importante de este lugar.

- Mucho gusto… - Dije no muy convencido.

- Como muestra de compromiso por saldar nuestro error, te acompañaré todo este día y te fuiste por el castillo. - quizás lo mejor era no llevarle la contraria.  - veo que estás algo sudado…

- B-Bueno es que sude mucho mientras dormía. - Intenté excusarme, pero él solo dibujo una sonrisa pícara mientras yo tragaba en seco para no tartamudear.

- Si claro. - Siento que no fui lo suficientemente convincente. - Espero que disfrutes el desayuno y ya tendrás tiempo para asearse, solo llámame cuando acabes.

- Gracias señor Kimura.

- Llámame Shou, ten confianza, no suelo sentirme agradecido con alguien que no sea de aquí, pero me caes bien. - Quizás no era tan malo como creía…

Sin más llevé un bocado de arroz a la boca y su sabor era totalmente sensacional, parecía que fuera otro tipo de alimento ya que parecía derretirse en mi boca.

- Tiene un sabor… ¡incredible!

- Gracias, le di mi toque personal a los alimentos.

- ¿Tu lo preparaste? - Pregunté con la boca llena mientras apreciaba el sabor del pescado, que era salmón pero llevado a otro nivel.

- Si, de hecho, no me considero tan bueno cocinando, pero digamos que tengo mis trucos. - Al parecer tenía demasiada modestia porque no pude evitar una mueca de extrañeza.

- No mires así, me da algo de vergüenza. - para ser mayor que yo al parecer no se acostumbraba a los elogios, solo pude sonreírle como agradecimiento. - me alegra mucho cuando aprecian eso, por cierto, jamás había visto a Alguien comer con tanta prisa.

- Yo nunca había probado algo así. - Era lo único que podía decir en mi defensa ya que me alimente como un animal salvaje. - Creo que voy a explotar…

Shou se acercó a la ventana y con su mano parecía medir algo con el sol.

- Ya es algo tarde, deberíamos ir a Los baños. - Me extendió su mano y por un momento llegué a olvidarme que estaba desnudo, me intenté cubrir al instante, pero el solo le reprochó. - Tranquilo, ambos somos hombres y de igual forma tú también me verás al rato.

- Eh… - Realmente no tenía mucha experiencia tomando un baño con otros chicos que no fueran los de mi pueblo y me sentía algo incómodo, pero Shou me dio un yukata, el cual me puso con rapidez.

- Tranquilo, es normal si sientes que estás fuera del agua. - Creo que me sonroje un poco por la forma tan protectora con la que me trataba.

Shou me invitó al salir de la habitación, cuando me acerque un poco más a él pude notar la diferencia de estatura que teníamos, definitivamente era mayor que yo… pero sentía que nuestras diferencias llegaban más allá, es como si él fuera más maduro que yo en muchos aspectos.

Me preguntó si así se sentirá un hermano mayor… digo, yo quiero a ese tonto de mi mejor amigo como un hermano, pero esto se sentía totalmente distinto.

- Asegúrate de no alejarte de mí, algunos chicos actúan algo extraño ante los nuevos. - Me advirtió seriamente mientras íbamos por un lujoso pasillo, las personas que pasaban al lado de nosotros y haciendo un saludo muy formal portaban máscaras de zorro y no decían nada. - Ellos son prisioneros. - Lo dijo, así como si nada. - Son personas que cometieron actos terribles contra chicos como nosotros… no pierdas tu tiempo teniéndolos algo de respeto.

- ¿Porque llevan máscaras? - Pregunte y note como Shou dio un suspiro muy pesado.

- Rugi Sama indica que cualquier persona que se atreva a mancillar a algo tan maravilloso como nosotros, no merece ser tratados como humanos, ellos no son nada más que fantasmas que no tienen nombre y solo viven en una pena eterna. - De la nada me tomó del hombro y me miró directo a Los ojos. - Todos nosotros tenemos una meta, la mía es hacerme cada vez más fuerte para poder servir a mi señor.

- Yo… - Dudé un poco sobre lo que deseaba hacer, pero tenía una vaga idea y fue por eso por lo que empecé mi viaje. - Deseo que está guerra acabe y que las personas del campo no tengan que sufrir pérdidas.

- Tan pequeño, pero deseas algo tan noble, ojalá los novatos tuvieran el temple que tu demuestras.

Avanzamos más hasta que note que a lo lejos salía un poco de humo y se escuchaban los quejidos de unos niños.

- ¿Te llama la atención este sitio? - pregunto Shou invitándome a seguir. - Pienso que es mejor que lo veas por ti mismo de una vez.

Me dejé llevar por la curiosidad y sentía que el resplandor y el aura de elegancia se perdía mientras nos acercábamos a ese apartado lugar, podía percibir un aroma a sangre… algo tan familiar y que detestaba, Shou avanzó primero por una puerta y le seguí, lo que vi me dejó boca a abierto.

Era como un onsen, de agua hirviendo de color rojizo, el tacto del suelo me hizo dar pasos hacia atrás del calor que hacía, se veía como el mismísimo infierno, pero lo más sorprende es que había chicos de mi edad que estando desnudos parecían entrenarse sin cesar.

- Muchos de estos chicos son huérfanos y no fueron bendecidos por nuestras habilidades, pero, aun así, se esfuerzan por ser nobles guerreros. - Las palabras de Shou eran tan ciertas al ver la intensidad con la que se atacaban, muchos tenían cortadas y moretones, pero a pesar de todo se ayudaban entre ellos cuando alguno caía.

- Esto es… demasiado masculino. - Trague saliva ante lo que veía.

Al parecer algunos chicos notaron la presencia de Shou y se acercaron maravillados, aunque claramente agotados, yo me encontraba detrás de él y por suerte, ya que no me sentí seguro al ver cómo me observaban con un claro recelo en su mirada.

- ¡Shou Aniki! - Gritaron animados y en formación.

- Hola chicos, ¿están dando lo mejor de sí? - Todos respondieron con euforia y temple. - Eso merece una recompensa. - Sin más Shou sacó de su manga una botella de sake que pasó totalmente desapercibida para mí, el me miró de reojo y me guiño el ojo. - Tranquilo, les hará bien.

- ¿Quién es el? - Pregunto un chico que parecía ser mayor que yo y no disimulaba su desagrado.

- Es un invitado muy especial, Kojiro. - Shou me empujó un poco hacia adelante y solo pude sonreír tímidamente. - No lo subestimen, este chico fue bendecido como yo y fue capaz de repeler una serie de ataques en su aldea.

- M-Mucho… gusto soy Kenta.

Al parecer lo que dijo Shou logro hacer que me aceptaran un poco mejor, comenzaron a lloverme preguntas de distintas formas, como de qué pueblo venía, cómo fue el ataque y sobre todo… que era capaz de hacer, incluso llegaron a ofrecerme algo de sake, que acepte para no ser descortés; jamás había probado antes eso y tosí un poco al probarlo haciendo que se rieran a carcajadas.

- Anda Kenta, muéstranos que puedes hacer. - Me animaban mientras que me sonrojaba un poco por la atención.

Quizás fue por el sake, pero tomé algo de valor y ante ellos toqué una de las pesas de acero que había, no sin antes pedirle permiso a Shou quien aceptó la responsabilidad.

Cerré los ojos y en un instante, aquella pieza de acero se torció hasta convertirse en un bonsái que levitaba.

- Wow, Eso sí que es artístico, al verte nadie sospechara que tuvieras una cualidad así. - Hablo Shou sorprendido y analizando la estructura.

- Si, eres tan chistoso, seguramente tú tienes algo más impresionante. - Le rete entre bromas.

- ¿Así que quieres ver de qué soy capaz? - Shou tenía una sonrisa de triunfo total y vi a mi alrededor como algunos se sonrojaban y no era precisamente por el calor del lugar, ya que estábamos afuera y hacia algo más de fresco.

De la nada Shou comenzó a relatar un poema y mi cuerpo empezó a sentirse extraño, era como aquella sensación de la mañana… al ver a Los demás podía notar como algunos chicos comenzaron a acercarse, ¿acaso fue él quien causó eso en mi en la mañana?, mis piernas cedían y mi respiración se agitaba, me aterra cuando vi algo extraño, unos chicos comenzaron a besarse y para aumentar aún más mi extrañes, otros comenzaron a tocarse… ¿acaso los chicos deben hacer eso?, Me sobresalte un poco al ver a Shou quien me tomó y me sacó rápidamente de ese sitio.

- ¿Qué fue lo que hiciste? - Dije entre suspiros mientras me imaginaba que podrían estar haciendo en el lugar que dejamos, de la nada sentí el impulso de querer acercarme a Shou y… - ¡AAAAGGHHH!, ¡Que estoy haciendo! - Me di un golpe fuerte en la mejilla y notaba como quien me cargaba estallaba en risa.

- Se supone que alguien con habilidades debería ser más resistente, ¿acaso tienes tanto libido guardado?

Preferí mantener silencio ya que no entendía lo que quería decir, intenté bajarme de sus brazos, pero por mucho que forcejeaba no me soltaba y me sentía culpable por encontrarle la comodidad, no pasó mucho hasta que volvimos a la parte lujosa del castillo y me dejó caminar antes de que unos chicos muy pequeños pasarán limpiando el suelo como si hicieran carreras.

- ¿Te estás divirtiendo? - Pregunto de una manera que me sonó hasta cínica. - Ya llegamos a los baños termales, espero que la experiencia anterior te quitará la vergüenza.

- No entendí nada así que no me fastidies.

- ¿Enserio no entendiste que era eso?... - En medio de su incredulidad me empujó adentro y no me quedó de otra que empezar a desvestirme, al parecer era un lugar algo exclusivo ya que estábamos solo nosotros dos.

Mire a mis pies y sentía que algo en mi por fin se había calmado, definitivamente en este castillo a más de uno le falta un poco de cordura así que preferí hacer las cosas de una vez y me adelante a Shou sin verlo, en dirección al onsen y asegurarse de limpiarme lo mejor posible para entrar a la cálida agua.

Mi cabello se encontraba algo sucio por el sudor de aquel extraño lugar y eso me llevó a pensar en lo que vi…

- ¿Acaso se sentirá bien si alguien más lo hace? - Pensé en voz alta mientras tallada mi cabeza y me lanzaba agua encima.

- ¿Si tanto quieres saber porque no lo haces? - Gire un poco asustado ante la idea de que alguien me hubiera escuchado y ante mi estaba Shou, aunque cubría su cara con una toalla como si fuera un ninja. - Lo lamento, pero no me gusta que me vean sin mi pintura facial.

- Eres realmente raro… - miraba de forma involuntaria su cuerpo, tenía cicatrices, pero a pesar de todo estaba bastante tonificado.

- Lo dice el mirón. - Sentí como si me hubiera dado un golpe en el pecho con esa acusación. - Entonces… ¿quieres saber cómo se siente que alguien te dé una ayudita?

- Por favor no vuelvas a usar tus raras habilidades en mí de nuevo… Además, yo no te autorice para que me hicieras eso en la mañana. - Respondí enojado mientras seguía bañándose con prisa.

- Yo no hice nada en la mañana, ¿acaso tuviste un sueño sucio? - No entendía de lo que hablaba así que lo ignore, pero se puso a mi lado. - ¿No sabes qué es eso?, también es posible que te emocionaste mucho con algo o que simplemente te movieras mucho al dormir.

- No sé, tuve un sueño raro.

- ¿Con un chico o una chica?

- Había un chico de cabello verde y muchas personas que nos veían. - Respondí naturalmente, pero la forma en la que me observaba no sé qué se abra imaginado.

- Sí que eres un pervertido, jamás había conocido a una persona que le pusiera que lo vieran mientras tenía sexo.

Luego de gritarle me metí a Las cálidas aguas, que quizás no estaban más calientes que mi cabeza por el disgusto.

Me preguntó si me tardaré mucho en encontrar a mi amigo… aunque eso implique encontrar a esos cretinos de los Taurina Omega, estoy seguro que ahora mismo se están volviendo cada vez más fuertes y yo estoy aquí, perdiendo un poco el tiempo.

Quizás él está cómodo con esos pseudo héroes.

- Quita esa cara tan larga. - De nuevo se puso a mi lado y me asusto porque no me di cuenta cuando entro. - Realmente me importa una mierda en lo que estés pensando o lo que te preocupe, pero si tienes una duda no tengas reparos en decirme.

- Gracias Shou. - De nuevo le dejé ganar por la confianza que transmitía y bajé la guardia, lo suficiente como para que no me percatara de que su mano comenzaba a acariciar mi pierna debajo del agua. - Por favor para… - Me sentía nervioso pero la verdad sentía algo de curiosidad.

- Tranquilo solo iré hasta donde tú quieras llegar. - Maldita confianza que transmiten Shou…

- Yo… - Podía sentir su suave mano sobre mi miembro y la sensación era algo totalmente nuevo pero bueno. - agh maldición.

De esa forma termina siendo abrazado por la espalda por Shou… podía sentir algo que rozaba contra mi espalda, pero me concentraba enteramente en el mar de sensaciones que me estaban dando, su mano se apoderaba de miembro y no pasó mucho hasta que sentí aquel extraño temblor pero con más fuerza, haciendo que me arqueada un poco y jadeara más.

- Eso sí que fue rápido… al parecer todavía no puedes eyacular. - Me susurró al oído mientras me mareaba cada vez más.

- Eso… Se sintió bien. - Dije con honestidad.  - ¿Que es eyacular?

- Eso es para otra clase, aunque podría salir muy beneficiado de esa pregunta. - No entendí lo que me quería decir, pero aun así pensé que lo mejor era relajarme, me dejé caer un poco en su espalda y la verdad era todo bastante cómodo.

No sé cuánto tiempo duramos así, pero sentí que no tenía que preocuparme por nada en ese momento, me preguntó si podría atreverme a pedirle algo más a Shou… pero quizás me volvería una molestia.

Luego de un rato salimos, ya que Shou mencionó que Rugi Sama quería verme, siendo honestos me sentía algo nervioso ya que en mi aldea era bien conocida la severidad de estas personas y algunos decían que Rugi Sama era un ogro… en el sentido literal.

A pesar de que todas las personas tenían respeto por los guardianes de estas tierras ya que muchos les atribuían el que no tuviéramos ataques terrestres, pero, aun así, seguíamos recibiendo algunos ataques aéreos, pero bueno… tampoco forman formalmente del imperio así que sería injusto pedirles más.

Me vestí rápidamente con algo de prisa, no sin antes sentirme como el cómplice de algo malo con Shou quien me guío por diferentes protocolos de seguridad, donde habían otras personas con máscaras de tanukis,

Supongo que eran también personas sometidas a pagar por algo, pero a estos se les veía más tonificados y mejor vestidos, eran hombres y mujeres que portaban armas y por eso deduje que no eran delincuentes, ¿nadie le daría armas a unos o sí?

Ante nosotros se encontraba una gran puerta dorada, custodiada por dos niños que vestían unas túnicas muy extrañas y unas máscaras de otros rojo y azul respectivamente.

- Buenos días guardianes. - Dijo Shou haciendo una reverencia y me invitó al hacerlo lo mismo, lo cual hice con algo de nerviosismo. - Vengo a ver a Rugi Sama, este es el invitado del castillo, Kenta.

- Rugi Sama aviso que tendrías, levántate Kimura. - Dijeron al unísono.

- ¿Eres un usuario verdad? - Dijo el guardián de máscara azul. - Mi hermana tenía curiosidad por ver si eras tan fuerte como Shou pero veo que pareces un escuálido.

- ¡Ten respeto idiota! - Sin más el ogro rojo le propinó un golpe con el puño cerrado. - Disculpe su comportamiento invitado, prosigan. - Una vez que el ogro azul acarició su cabeza hicieron unas extrañas señas y abrieron las pesadas puertas como si nada, un viento cálido golpeó mi rostro y casi caigo por las escaleras, pero Shou me tomó del brazo.

- ¿Es una buena primera impresión no? - Me dijo con una sonrisa mientras retomaba el equilibrio. - Agnis, enséñale más disciplina a Tu hermano, Rundra más te vale que dejes de actuar como un mocoso o te disciplinares luego. - Los dos guardianes se pusieron tensos al instante.

Atravesamos la puerta y esta se cerró al instante a nuestras espaldas, ante nosotros se encontraba una recámara que parecía casi fuera de este mundo, con cascadas y mujeres muy hermosas, en el centro de todo se encontraba un pilar que era una especie de trono.

- Por fin llegaron nuestro par de héroes. - Exclamó alguien de una voz muy pesada. - Su alteza quería darte las gracias personalmente, Kenta.

- ¿Su alteza? - Pregunte extrañado, entonces si había alguien importante en ese carruaje tan fino.

- Jajajaja cuánta modestia. -  Respondió de nuevo aquella voz que deducía que era de Rugi Sama. - ¿Lo has cuidado bien Shou?

- Sí señor, le he cuidado como si fuera un hermano menor, es un chico de buen corazón. - Las palabras de Shou me hicieron sentir algo avergonzado. - Tiene grandes aspiraciones para ayudar a su aldea.

- Ya veo, suena como una joven promesa…. - De la nada una gran mano tocó mi hombro y pude ver ante mi a un hombre de piel rojiza y cabello largo blanco. - ¿Entonces te consideras tan bueno como para ganar la guerra?

- Deseo detener la guerra, señor.

No existe forma alguna de detenerla, la única manera es una victoria tan aplastante que imponga cualquier intento de rebelión. - Eso implicaría demasiadas muertes, pero tendría mucha efectividad. - He escuchado que a chicos como Shou o tu… los llevan a experimentos de diferentes tipos y son muy atroces.

- Es conocido como el MK ULTRA, disculpen mi intromisión. - Un niño de color de cabello blanco con puntas lilas se hizo presente, tenía lentes de oro y una vestimenta que ya había visto antes…. - Mucho gusto héroes, soy el príncipe segundo, Taisho Akihibe. - Si mis padres estuvieran ahora aquí les daría un infarto seguramente, el príncipe se acercó a mí con prisa y casi se cae pero logré tomarle. - ¡Muchas gracias enserio eres el mejor héroe de todos! - No lo podía creer, me estaba abrazando con fuerza este niño que resultó ser de la monarquía.

- El príncipe vino a negociar con nuestras fuerzas ya que el imperio está esperando un ataque mayor en dos años por parte de lo que queda de los supuestos “Aliados”, normalmente haríamos caso omiso pero la situación en nuestras tierras está llegando demasiado lejos. - Intervino Rugi Sama.

- Venir a solicitarles ayuda es algo totalmente razonable, después de todo, aunque el imperio tenga fuerzas debemos estar unidos para luchar y todos saldremos beneficiados. - Respondió sinceramente el príncipe.

- La ambición es buena príncipe, al parecer desea subir su rango de sucesión

- Claro que sí, además, debemos aplastarlos. - Comenzó a darme pequeños golpecitos. - y hacerles pagar por las personas que perdimos…

- ¿Qué deseas hacer Kenta? - Preguntó mirándome directamente a Los ojos.

- Yo… como estoy ahora, seguramente no duraría mucho, por eso deseo pedir dos cosas muy egoístas. - Dude un poco, pero al mirar a Shou sabía lo que debía hacer. - Quiero quedarme entrenando aquí por lo menos un año o hasta que Shou considere que estoy a su nivel y además…

- Eso es realmente interesante. - Agrego Rugi Sama.

- Una vez que concluya mi entrenamiento deseo probar mis capacidades para ser almirante ante uno de los miembros de Taurina Omega. - Todos se me quedaron viendo de forma extraña, pero yo solo podía sonreír cuando el príncipe aceptó mis condiciones.

De esa forma y luego de una gran cena de negociaciones que tenían ambos líderes, donde solo me quedaba cada vez más claro que la apariencia tierna del príncipe era casi una fachada, pude darme cuenta que tomé la decisión correcta… más que nada porque quiero ser más fuerte que los Taurina Omega y demostrarle a Satoru que existían otras maneras de luchar.

Ya en la noche, con el estómago totalmente lleno y luego de ir al baño pude ver a Shou sentado sobre una roca en uno de los jardines zen, pensé en hablarle, pero se sentía un ambiente de paz total que no quería arruinar, toque una de las piedras y la convertí en un bonsái lo suficientemente grande para usarlo como un asiento y pasar por encima del jardín sin arruinarlo,

Al parecer meditaba, orbitaba alrededor de él, de forma calmada mientras observaba su figura, me pregunto quién ganaría en un combate, Shou o los Taurina Omega.

Ahora que lo pienso, no sé nada de Shou y él sabe tanto de mí, me pregunto si podré ganarme su confianza.


« Última Modificación: junio 06, 2017, 01:16:00 pm por Yuuki Hachiken »

Yuuki Hachiken

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Capitulo 4: Puedes llamarme...
« Respuesta #4 : septiembre 19, 2017, 09:30:58 pm »



Dos días después
Tundra Siberiana, cerca a China


Ese día la tormenta de nieve era implacable, abusiva al punto de sentir que golpeaba nuestros cuerpos como si fueran puñetazos y patadas, apenas distinguimos si era de día o de noche, mis hombres y yo pasabamos hambres desde hace días… sentíamos que íbamos a desfallecer en cualquier momento.

Pero lo disfrutaba y me encantaba, esta clase de cosas que nos ponía a prueba cerca del territorio enemigo, marcaba la línea entre los guerreros y los hombres.

Uno de mis soldados me hacia señales  a los cuales apenas reconocía ya que todos estábamos cubiertos de nieves, abrigados al máximo y sin mucha fuerza para hablar o mejor dicho, gritar, al parecer nuestra decisión de avanzar por un tramo que podría considerarse suicida, dio sus frutos.

Ante nosotros, apenas podíamos ver lo que era una base secreta, normalmente el enemigo esperaría que nadie decidiera afrontar una ventisca de frente para llegar al lugar, aquellos miserables amarillos se habían atrevido a invadir mi nación… y pagarán con creces su herejía.

Busque entre mis bolsillos mi oxidada brújula y automaticamente los miembros de mi escuadrón hicieron una formación para bloquear el viento, de esa manera me daban oportunidad de poder guiarme y con algo de destreza, sosteniéndolo con fuerza, llegue a confirmar la posición en el mapa y solo pude relamer mis quebrados labios ante la oportunidad de dar un golpe de vuelta.

comencé a buscar a mis alrededores un lugar para que pudiéramos organizarnos, mantener a cada uno de ellos al margen de lanzarse en un ataque suicida era casi imposible, pero creían en mi y en las decisiones que tomará, finalmente logré ver a unos metros de distancia unas formaciones rocosas que podrían ayudarnos para protegernos del viento, ese lugar aullaba por el viento, pero a pesar de todo, les indique que por ahora debíamos llegar a tal punto.

cerca de 75 hombres, lo mejor de lo mejor en el frente de combate siberiano… estaban a puntos de caer despues de dias de agotamiento, pero no les permitiria que se fueran sin llevarse a alguien con ellos al infierno, cargue a los rezagados de la mejor forma que mi débil cuerpo pudiera hacerlo, ojala tuviera alguna habilidad que pudiera ser útil en estos momentos, lanzar fuego, tener super fuerza o incluso poder moverme de un lugar a otro con las personas, pero no, podría decirse que mi especialización es la violencia pura, tal y como esta nieve.

No se cuanto tiempo paso desde el momento en que comencé a sacar fuerzas de donde no tenía para llevar arrastrados a la mayor cantidad de gente posible, además de nuestras provisiones, pero con mil demonios… creo que el cansancio… finalmente me ganó y la nieve comenzaba a cubrirme sin siquiera tener chance de gritar.

Mi cuerpo se entumece y me sentía rodeado de una profunda oscuridad… no era la primera vez, ya antes había experimentado que es esta gélida muerte, cuando mi familia perdió el techo que le resguardaba del frío y mis padres se sacrificaban para que yo siguiera adelante, realmente me sentía terrible al saber que todos sus esfuerzos fueron en vano, al final nuestros cuerpos son limitados y yo… un hombre que apenas estaba empezando a ser útil, a sus 14 años de edad… estaba apunto de apagarse.

Tuve suerte, solo me desmaye y alguien logro sacarme de la nieve, me arrastró hacia las rocas y la diosa de la victoria nos sonrió ya que había una cueva, los hombres llegaron a matar un oso polar y conseguimos algo de comer… incluso consideraron prudente encender el fuego aunque duraron horas intentandolo y llegaron a usar bengalas.

- … Podía salir de esta. - Dije con un claro tartamudeo mientras era forzado a quedarme en medio de dos de mis soldados más fornidos quienes me daban calor.

- Si, seguramente lo harías, luego de quedar un poco tieso. - Definitivamente el rastreador del equipo era algo afilado.

Comencé a sufrir de sueño de nuevo… me sentía cómodo por extraño que fuera, hacía frío y estaba tan agotado, los párpados me pesaban y mi cabello blanco que desordenadamente cubría mis ojos no me ayudaba a mantenerme despierto.

Tuve un sueño hermoso, no era la primera vez que lo tenía y esperaba que no fuera la última vez, era rodeado en un abrazo por mis padres y mi hermano menor, éramos una hermosa familia que vivía en las afueras de la ciudad, mi padre creía que estar lejos de las fábricas sería algo positivo para nuestra salud y mente, era cierto, pero también nos ponía lejos de las líneas de defensa de la ciudad, el paraíso en el que vivíamos nos dejaba vulnerable a cualquier cosa, lobos, ladrones, bombas… muerte.

Pero francamente, un mundo sin una que otra tragedia sería totalmente aburrido, solo tuve la mala suerte que me llegó a mi… y no debería dormir tanto imaginandome tonterías.

Me despierto en algún punto de lo que parece ser…. ¿la noche?, ni idea con tanta niebla y las baterías de los relojes dejaron de funcionar, me esfuerzo por despegarme de los hombres que me rodeaban y antes de salir de las cobijas, cambio las vendas de mi cuerpo tal y como me había recomendado la doctora, empaparlas en vodka fue una idea algo descabellada pero al parecer había funcionado de la manera menos inesperada, mi cuerpo sano bastante bien.

De repente escucho unos movimientos a lo lejos, no era la ventisca que estaba a nuestro alrededor, parecían ser risas.

- ¿Alguien esta despierto? - Preguntó en voz alta mientras me visto con prisa.

No recibia respuestas y me sorprendió que mis hombres no se despertaran ante mi llamado, me acerque a alguno de ellos y note como en sus cuellos evidenciaban un fuerte golpe o protuberancias como si hubieran recibido un gran golpe, eso me alarmó al instante y cargue mi pistola.

- Hola, vengo a pedirles el favor de regalarme una tacita de azúcar. -  Justo encima de las rocas que cubrían a la brigada, se encontraba la figura de un chico que parecía extrañamente una caricatura.

No dude ni un segundo en dispararle directo a la frente y su cuerpo cayó postrado a mis pies, ahora que lo tenía cerca pude confirmar que parecía una de esas películas de caricaturas, hasta su figura parecía plana, desenfundar mi cuchillo y me disponía a tocarlo cuando de repente cobró vida de nuevo para plantarme un pastel de merengue en la cara.

Solo podía escuchar su escandalosa y desafinada risa, hice todo el esfuerzo para quitar los restos del pastel en mis ojos, pero comencé a escuchar una música bastante animada y el muy desgraciado estaba cantando.

Cuando logré ver de nuevo, no podía creer lo que estaba viendo, mis hombres parecían estar controlados al ritmo de la canción y la ventisca misma parecía un arco iris de colores, lentamente todo comenzaba a volverse un escenario de lo más bizarro mientras ese chico parecía disfrutarlo como si fuera una orquesta.

Empecé a quitarme mis guantes, bufanda y demás como si comenzará a convencerme, lentamente pedía el dominio de mi cuerpo pero con el cuchillo que tenía en mis manos me propine una cortada por encima de la rodilla.

¿Eres ruso?, debe ser difícil ser un perro comunista. - Su voz iba al ritmo de la melodía y pude observar como dejaba de lado la batuta con la que comandaba a todos para sacar un pesado martillo que le hizo caer hasta la nieve.

…  - Aproveche que seguía hablando para poder tomar una decisión que podría darme la victoria pero poniendo en riesgo a todos.

Nada más que un perro comunista que cree que hace lo mejor para todos a costa de apropiarse de los bienes ajenos, un miserable abandonado por Dios y que debería inclinarse ante la grandiosa nación de estados unidos, la más importante, única y grande de todo el planeta. - Santa mierda que era un fanático. - Todos caerán ante los hijos del tío Sam.

Quizás esto sería egoísta, pero debía enfrentarlo con todo… aunque eso implicará tener bajas, al parecer lograba moverse por debajo de la nieve como si fuera alguna clase de topo y eso me llevó a lanzarle unas granadas que lograron mandarlo a volar como si estás solo pudieran desorientarlo, comencé a acercarme a la base que era nuestro objetivo lo más aprisa que podía pero de nuevo las cosas no demoraron en ponerse extrañas.

Aparecieron de las nadas, flores sonrientes con hachas, aves con ropa que no dudaban en atacarme mientras cantaban, una lluvia de pastel de merengue que me costaba esquivar, no importaba cuanto disparará, parecían ser inmunes al punto que creí que eran ilusiones.

Trepe con prisa por la reja de seguridad sufriendo algo de daño por el alambre de púas, cuando estaba por tirarme me di cuenta que el enemigo no dudó ni un segundo en activar la electricidad lo cual me lanzo con fuerza al interior, aturdiendome sin la posibilidad de moverme pero seguía consciente.

Capturado. - Al parecer había otra chica rubia, de ojos azules y con una sonrisa victoriosa… bastante linda, pero lo suficientemente enfocada en capturar al enemigo que no dudó en patearme la cara al instante para terminar de dejarme a merced de lo que quisieran hacerme.

Me arrastro dentro de las instalaciones, seguido por el chico caricatura quien no me quitaba los ojos de encima, tan pronto como me pusieron en una silla eléctrica comenzaron a despojarme de mis cosas.

Qué extraño, su documentación carece de nombre. - El chico caricatura vaciaba mi cartera mientras sonreía. - Dinos tu nombre, fuerte y claro.

… Hect… - Antes de que pudiera terminar de hablar un chorro grande de soda casi me ahoga y empapó mi cuerpo totalmente.

Solo pude mirarlo con desprecio, el hijo de puta buscaba provocarme de cualquier manera y estaba segura de quién era yo.

Pronto ejecutaremos a tu pelotón, ahora mismo estan bailando hasta morir por agotamiento o ser congelados gracias a la ventisca.

Ellos son más duros de lo que cualquiera de ustedes puede ser. - Responderles de esa manera solo logro que me fracturaran una rodilla con el martillo sin dudarlo.


Por un segundo deje escapar mi habilidad del dolor que me causaron, no podía actuar hasta saber cuántas personas vivas quedaban en el lugar, pero en vista los locos y sádicos que eran estos dos, quizas ya habian llegado a un punto en el que mataron a cada una de las personas de esta base.

Pero me mantenía reacio a que ninguno de los niños que fueron secuestrados del norte de japón murieron asi nada mas a lo que sea lo que le hicieran los chinos, apreté los puños y pensé de qué manera podría salir de aquí pero de repente las luces comenzaron a parpadear por un instante.

- Creo que debemos adelantar un poco las cosas, por cierto… seré la encargada en analizar que eres, si tus palabras no son honestas, tu cuerpo lo será. - La rubia comenzó a ponerse un tapabocas, recogió su cabello y un delantal que parecía ser de un carnicero, vestigios de sus cabellos tapaban sus ojos y su mirada era penetrante.

La ventisca empeoraba y el escalpelo que traía aquella chica hacia mi, me hacia sentir con el corazón a tope,  el chico con apariencia de caricatura comenzó a sostener mi cabeza y de repente, en un segundo, pude ver como una esfera que reconocí al instante por su sonido metálico rodó por una esquina de la habitación.

No se tardó en explotar y aproveche el momento a pesar de que no podia oir bien para tomar el escalpelo con la boca para cortarle la garganta al desesperante remedo de caricatura.

Su sangre totalmente oscura brotaba a presión y no pude salvarme de quedar manchado, la chica con ánimos de doctora se alteró al punto que comencé a ver que era una usuaria de habilidades, la electricidad comenzó a brotar de su cuerpo pero de nuevo otra granada, esta vez aturdidora la hizo alejarse con prisa hacia otra habitación, quede enceguecido pero alguien logró liberarme de la silla eléctrica y me arrastro hacia los pisos inferiores de la base.

Cuando recupere un poco la vista, pude notar a alguno de los soldados que faltaban de mi escuadrón, entre ellos el jefe de reconocimiento del terreno, también conocido como el hombre del mapa que no estaba cuando aquel chico caricatura nos atacó, lo segundo es que pude confirmar que el MK-ULTRA definitivamente había metido mano en el lugar y eso solo me hizo esperar lo peor de lo que encontraríamos en la base, lo tercero, mi rodilla me hacia sentir un dolor indescriptible y no me encontraba de la mejor forma para luchar, pero era la única esperanza de salir vivos de aquí, por lo que hice fuerza para liberarme de quien me estuviera cargando justo antes de cruzar una puerta blindada, estábamos en el lugar perfecto para que ellos siguieran adelante y yo me encargara de retener a esas dos amenazas.

- Ivan, bajame. - Ordene con firmeza y este me bajó con delicadeza en vista de mi daño. - Necesito que sigan avanzando, rescaten a quien pueda de los civiles y de ser posible tomen rehenes, los que opongan resistencia ejecutenlos y cumplan la misión.

- Señor, no estará pensando en…

- Si, señor del mapa, justamente como piensas, nadie mas podra contener a ese par. - Les miraba fijamente a los ojos para que entendieran el compromiso que tenían. - Posiblemente los que estaban controlados afuera, si siguen vivos vendrán a hacer de refuerzos, no estaré solo.

- Pero…

- ¡SOLDADO ES UNA ORDEN DE SU LÍDER! - Grite para que no tuvieran sentimentalismo en una misión que sabíamos que era algo suicida. - Sigan adelante y no miren atrás… - Finalmente escuche como la pesada puerta se cerraba a mis espaldas haciendo un estruendo por todo el lugar, esperaba que encontraran supervivientes y que todo esto valiera la pena.

Espere, mientras las luces parpadeaban, apenas pudiendo estar de pie y esperando no caer de espaldas hacia la puerta ya que si eso pasaba, me arrastraría hasta caerme y estaba totalmente seguro que no podría volver a despertarme.

- Salgan de una vez… - Empecé a apretar los puños y a respirar profundamente mientras me esperaba para lo que fuera que viniera. - Se que estan esperando a que caiga inconsciente y eso no pasara… - Por suerte para él, pudo ver que sus compañeros le dejaron un cuchillo y una pistola con el cargador lleno.

La respiración del muchacho se hacia pesada, pudiendo ver su propio aliento y estando totalmente atento a lo que pudiera pasar, cualquier cosa podía salir de aquella oscuridad y… escucho de repente aquella animada canción.

- Creí que te había cortado la garganta. - Claramente lo había hecho, pero ciertamente aquel tipo era más terrible de lo que creía.

La canción comenzó a distorsionarse y desde la oscuridad hasta el, el lugar comenzó cambiar al de uno más caricaturesco.

- ¿Porque tan callado tan de repente? - No es como si estuviera disfrutando el acto de aquel raro pero mire aterrado como de la oscuridad, atados del cabello, rodaban las cabezas de algunos miembros de su escuadrón, salpicando la sangre en el suelo con cada rodada y con una expresión de horror en sus rostros.

- ¿Cual es tu nombre? - Pregunto aquella chistosa voz que se ocultaba entre la oscuridad.

- No vale la pena que te lo diga.

De repente, de las cavidades de aquellas cabezas, comenzó a salir una extraña tinta que comenzó a darle forma a una figura humana, a pesar de que le disparó varias veces, no hubo nada que hacer y su cuello fue apretado por una mano dejándole apenas aire para contestar.

- Anda, dime tu nombre, puedes llamarme Leica. - La figura de tinta tomó la forma del chico caricatura quien tenía una sonrisa en su rostro.

El muchacho pensó por un momento y pensó que diciéndole su nombre podía ganar algo de tiempo.

- Puedes llamarme, Hetcn… - Lo tome del brazo con las fuerzas que me quedaban y solo pude decir. - Estás bastante jodido....

En respuesta recibi una puñalada en el hombro por parte del adversario en el hombro que me atravesó hasta hacer un sonido metálico de la hoja contra la puerta que tenía a mi espalda.

- ¿Acaso no sabes callarte?, eres alguien bastante molesto ya que no aprecias los valores que intenta inculcar la gran America. - Definitivamente me tenia harto con su palabrería, pero me quede observandolo fijamente mientras se daba cuenta que algo estaba cambiando con rapidez en la habitación, el ligero polvo pasaba al frente de sus ojos y apenas tuvo contacto con su piel, me soltó al instante por el implacable dolor que sentía y a pesar de que se intentara quitar aquel polvo, no podía, su piel comenzaba a caer lentamente y cada vez más, la habitación se llenaba de aquella letal “nieve”. - ¡¿QUE DEMONIOS ES ESTO?! - Grito desesperadamente mientras intentaba huir de la habitación pero se desespero al ver, que una bruma blanca le bloqueaba el camino.

- Soy alguien con habilidades al igual que tu, te lo explicaria, pero me pediste que me callara. - De mis mangas comenzaron a salir un torrente de aquel extraño polvo que hicieron explosiones e incineraron lentamente su cuerpo al tacto, podía ver su sangre brotando de sus heridas y sus quejidos me hacían sentir cierto placer en la victoria, pero inmediatamente su cuerpo comenzó a tomar figuras extrañas, des distintos animales, vehículos hasta llegar finalmente a ser un misil con la cara del tío Sam, me apresure a abrir la pesada puerta y apenas pude medio cerrarla antes de que el pasillo estallara, cai por unos escalones mientras intentaba proteger mi cabeza y por suerte la pesada puerta salió despedida lo suficientemente lejos de mi cuerpo.

Me tomo unos segundos reponerme, mi habilidad no me habia hecho daño, pero el lugar no tardaría en esparcir aquel extraño elemento que desprendia de mi cuerpo, causando un incendio o una explosión de gran magnitud…. por eso mismo intentaba no usarla en combate o cerca de mis compañeros al menos que sea un último recurso.

Note que todo a mi alrededor comenzaba a verse afectado por los restos de mi habilidad, que segun los cientificos del eje, era basicamente fosforo concentrado con un alto índice de incineración y combustión… francamente solo es un imán de problemas sobre todo en lugares muy cerrados, ya que indirectamente puede hacer que caigan sobre mi escombros o herir a quien no quiero, me levante con cautela y vi a mi alrededor distintas jaulas empapadas en sangre, incluso, cuerpo de algunos niños sin vida… me sentí totalmente triste y enojados al verle, pero debía controlar mis emociones o mi habilidad podría tornarse como algo peor, esperaba que algunos supervivientes escaparan al igual que yo, si tengo algo de suerte.

- A… ayuda…. - Escuche una voz muy débil al final de uno de los pasillos que tenían un letrero de “Material desechable”.

Posiblemente era alguien que pudo fingir su muerte o peor aún, que esperaban a que muriera ya que no les servía para nada, camine lo más aprisa que podía y revisaba mi cuerpo en el proceso para que no quedara ningún rastro de fósforo blanco, cuando llegue a donde estaba aquella voz… mire horrorizado el estado del niño que se encontraba tirado en un cubículo de basura, sus costillas estaban rotas, tenía muchos pinchazos en su brazo y creo que uno de sus ojos estaba comprometido, obviamente le habían dado una golpiza, su cabello verde estaba casi totalmente marrón de lo ensangrentado que estaba y su piel blanca totalmente llena de moretones, había perdido dientes por los golpes…. no me atreví a mirar sus piernas ya que apestaba a como si hubieran abusado de él.

- Por favor… - No estaba seguro si siquiera podría llevarlo a un lugar seguro… su estado y la ventisca afuera, disminuirían su chance de vivir… pero merecía tener una oportunidad.

- Necesito que aguantes. - Intente darle a entender en mi torpe japones, para mi sorpresa, el me regalo una sonrisa.

Cuando me disponía a cargarlo, los sonidos de las explosiones comenzaron a hacerse presentes, pero su cuerpo estaba muy ligero… lo cual no era bueno pero me facilitaba buscar una salida, mi equipo había trazado señales que seguían su rumbo, podía ver cómo el muchacho se aguantaba los quejidos de dolor.

Finalmente llegamos a un puerto subterráneo, donde había distintas capsulas de escape, revise rápidamente el estado de uno que había dejado mi equipo atrás, había incluso algunas provisiones y por suerte, habia recibido capacitación con ese tipo de minisubmarinos, me apresure a entrar al niño con delicadeza quien se había quedado dormido con un rostro de paz en si, pero le di una pequeña bofetada para saber si seguía vivo, por suerte lo estaba, la salida de escape estaba lista… no me interesaba hacia donde nos llevara siempre y cuando fuera un territorio aliado por lo que tome asiento dispuesto a llevarnos lejos de aquí.

Pero las cosas parecían ir de mal en peor, al abrir las compuertas, las ventiscas habían causado que alrededor del agua hubiera unos remolinos bastante grandes, los cuales seguramente dificultarian nuestro escape, no teníamos mucho tiempo, necesitábamos suerte… tanta suerte como la que necesitaba aquel chico por lo que antes de que el terreno del puerto terminará aniquilado, nos aventuramos hacia aquellas peligrosas aguas, el niño se despertó por la turbulencia y se encontraba desorientado, intente calmarlo diciéndole que todo ese movimiento era perfectamente normal… a pesar del sudor en mi frente.

De repente, en algún punto de la noche mientras intentábamos escapar de los torbellinos, nuestra cápsula se detuvo… y pude ver por un instante pude ver una caricaturesca figura moviendose a nuestro alrededor, rapidamente intente usar la propulsión de la cápsula sin éxito alguno, y note con terror como un tentáculo de tinta nos rodeaba, las paredes de la cápsula se cerraban, el grito del niño y mi sentimiento de que no podríamos salir bien, se cerraron con el estruendo del metal.

Fue entonces cuando desperté, el piloto automático nos había llevado lejos, a pesar de que prometi que no me dormiría, mire por encima de mi hombro y el chico estaba dormido, aunque sudaba, busque rápidamente un botiquín con la esperanza de que la noche anterior no me hubiera acabado toda la medicina intentando desinfectar y sanarle lo mejor que podía.

Tenía fiebre, mucha, quizás no podría sobrevivir mucho…no se que me llevó a tomarlo de la mano con la esperanza de darle fuerza, pero sabía que eso no serviria de nada, estábamos en el mar chino y el país aliado más cercano que teníamos era japón…

Me pregunto como estara mi escuadrón y si pudieron llegar a salvo a las tierras niponas.

Finalmente tomé una botella de vodka, dispuesto a darle un trago… pero vi de reojo al enfermo chico y pensé que en algún punto, quizás tendría que usar eso para ayudarle, al menos para que no tuviera una muerte dolorosa por lo cual pase de beber aquel líquido.

- ¿Cómo te llamas? - Me sorprendí, de que aquel chico pudiera estar despierto y más aun, siendo capaz de hablar, me acerque a él mientras ocultaba el vodka.

- Sshhh, necesitas recuperarte.

- Quiero saber tu nombre, soldado.

- Me llamo Hetcn… - Definitivamente no era algo que el pudiera pronunciar o entender, recorde brevemente mis clases de japonés básicas y pense en algo. - Puedes llamarme Kuma.

El chico me sonrió y repitió aquella palabra como si la atesorara, no podía evitar sonrojarme así que simplemente volví a los controles de la cápsula, seguiamos rodeados de un basto océano… quedaba mucho camino por delante.